Peregrinaje hacia San Benito

Julia Castro redac@lavoz.es

PONTEVEDRA

Miles de devotos, procedentes de toda la provincia, acudieron ayer junto al santo milagreiro. El párroco de la iglesia de San Benito, Crisanto Rial López, estaba asombrado, «es sorprendente la cantidad de personas que vinieron. A las 12 de la mañana ya se habían repartido las 10.000 estampas que estaban encargadas». Las aglomeraciones para escuchar la misa, o para acceder al altar eran de hasta tres cuartos de hora. Los integrantes de Protección Civil se encargaron de mantener controladas las esperas en las colas, que en más de una ocasión, enfretaban a los beatos para conseguir entrar en la iglesia entre empujones. Una vez en el interior, la multitud se congregaba cerca del santo. La profesora madrileña Inmaculada Morán encargada de una excursión 39 niños, comentaba: «Es la primera vez que acudimos a San Benito y estamos muy soprendidos de la acogida que tiene». Como es parte de la tradición, también acudieron a la cita los carteristas. Aunque no se distinguen, se sabe que están entre el gentío. «Aparte de la Policía Local y Protección Civil, está la policía secreta, que va de ingónito y están atentos en todo momento de lo que pueda acontecer» explica el coordinador de las fiestas de San Benito, Manuel. Aunque más de uno se habrá quedado sin cartera, los devotos han regresado a su casa con el tarro de aceite para que desaparezcan las verrugas. Dinero, huevos, animales vivos y aceite son algunas de las ofrendas que los cristianos entregaron al santo. También se obsequiaron cientos de velas, con forma de diferentes partes del cuerpo.

San Benito, fundador de los Benedictinos y especialista en verrugas y demás eccemas de la piel, está rodeado de tradiciones que se fueron perdiendo con el paso del tiempo. Julita recuerda que en el año 59, las familias se reunían para comer al lado del río, donde se encuentra ahora la playa fluvial. «Tras la comida, Anselmo que tenía una barca, te cobraba una peseta y llevaba al otro lado del río para llegar a la iglesia. Muchos atravesan la vía ferroviaria y hubo casos de personas que murieron arrolladas por el tren». Por otra parte, Crisanto Rial López rememora: «Había ocasiones en que los devotos subían los peldaños hasta la iglesia de rodillas».