La muestra de Teresa Brutcher cuenta con una serie de cuadros con la figura humana como eje central sobre el que construye su discurso.
02 jul 2009 . Actualizado a las 19:40 h.La artista Teresa Brutcher, pintora nacida en Phoenix, Arizona, y afincada en Pontevedra desde hace casi dos décadas, se marcha a Frankfurt, Alemania, donde inaugurará su próxima exposición, el 24 de este mes, en Planet-vivid Gallery. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de California en Davis en 1977, esta pintora hiperrealista mostrará una serie de cuadros con la figura humana como eje central sobre el que construye su discurso reivindicativo, abarcando sus temas favoritos con su habitual ironía: la soledad, la vejez, el materialismo y la superficialidad de nuestro mundo actual. Y una vez más, es fiel a su interés por los detalles anatómicos más feos, como varices, venas, michelines o arrugas, y a una luz fría y cruel con la que ilumina las protuberancias huesudas, musculosas, rollizas, que son destacadas de forma exagerada con la intención de no permitir que el espectador eluda sus denuncias.
Pero entre las obras que colgará en la citada galería de Frankfurt, que se encuentra en pleno centro, en la calle Weckmarkt 1 (Ecke Fahrgasse), formando parte de una concentración de prestigiosas galerías en una zona que recuerda al Soho en Manhattan, se encuentra su serie Cuerpo Danone. En ella repara en «la fijación y fascinación que manifiesta nuestra sociedad por la belleza hallada en la superficie acompañadas por un desdén igualmente pronunciado por lo que subyace bajo la misma». Son tres figuras masculinas, bien esculpidas sobre el lienzo, que hacen alarde de cada músculo de sus cuerpos tatuados con el nombre comercial que la sociedad ha llegado a asociar como el cuerpo perfecto, mientras «nos miran desafiantes retándonos a poner en duda la legitimidad de concentrar tanto esfuerzo en el desarrollo de sus fornidos seres», según la propia artista.
En la muestra alemana, que estará abierta hasta el 5 de septiembre, tampoco faltará la dosis de humor perverso que caracteriza a Teresa Brutcher. En sendas pinturas, dos figuras femeninas, incapaces de resistir la tentación de un buen bocado de chocolate, también de una marca muy conocida, se plantan en medio del supermercado para devorar el manjar. Lo más chocante no es el hecho de que las protagonistas hayan sucumbido a la tentación víctimas de una extraña urgencia, sino que parecen haberse olvidado de su casi total desnudez, con una indumentaria consistente tan solo en tacones imposibles, sombrero, tanga y alguna que otra joya.
La pintora americana lleva más de treinta años exponiendo en galerías, museos, ferias internacionales y centros culturales de Estados Unidos, España y Portugal. También participó en certámenes internacionales obteniendo numerosos premios. En la actualidad, trabaja con la galería C5 en Santiago y con la de Ceferino Navarro en Granada, donde montará otra exposición el próximo otoño. Precisamente el Centro Cultural Medina Elvira de la ciudad andaluza acogió el pasado año una retrospectiva de la artista, que tiene obra en colecciones públicas y privadas de Europa, Estados Unidos y África. Teresa Brutcher vive en España desde el año 1985 y desde hace casi dos décadas en Poio, donde tiene montado su estudio. Según confesó en una entrevista a este periódico, vino a España, concretamente a Madrid, con una beca cuando estudiaba Bellas Artes. De vuelta a Estados Unidos, «cosas del amor», dice, la trajeron de nuevo a España, donde se estableció desde entonces.