El calvario de una paciente de Bueu empezó hace tres años con un quiste en la matriz que desencadenó en cuatro operaciones y una ligadura de trompa que no autorizó
02 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No aparece su historial clínico completo. Se sometió dos veces en menos de nueve horas a un operación con anestesia general después de haber sufrido una hemorragia interna. Salió del quirófano con una salpingectomía (corte de las trompas de Falopio para impedir que el óvulo pase al útero) que la ha dejado estéril cuando solo autorizó, minutos antes de ser intervenida, una ligadura tubárica. Y solo tenía un quiste en la matriz. Esperanza García ya no hace gala de su nombre tres años después de iniciar su calvario.
El Consello Consultivo del Sergas propone ahora indemnizar a esta paciente de Bueu de 46 años con 5.000 euros por los daños y perjuicios ocasionados por la salpingectomía irreversible practicada en el Hospital Provincial. Reconoce que esta intervención supone un atentado a la esfera de la libertad y, aunque es difícil de cuantificar, merece una compensación, según explicó el servicio jurídico del Defensor del Paciente.
«Me hicieron firmar el consentimiento para la ligadura tubárica cuando estaba tumbada en la camilla dentro del quirófano para la segunda intervención», señala García, quien todavía hoy, con la denuncia en curso y sin haber recibido ni una disculpa sufre fuertes dolores en la zona de la operación.
El Consello solo refleja que si se hubiese practicado la ligadura que ella autorizó, Esperanza tendría la posibilidad de acudir a la reconversión, opción a la que entre el 50% y el 80% de las mujeres que se someten a una recanalización de trompas logran quedarse embarazadas. Eso le preocupa, pero esta joven echa la vista atrás para relatar paso a paso el calvario que la ha llevado a considerar irrisoria la cantidad ofrecida por el Sergas.
Un quiste maldito y benigno
«Solo tenía un quiste en la matriz y a pesar de que me dijeron que me lo podían sacar en una intervención en la consulta, pasé hasta cuatro veces por el quirófano», explica. Ante la imposibilidad de alcanzar el quiste, la operaron con anestesia general para poder extirpárselo. No lo lograron. «Me dijeron que me quedase en cama sin moverme, pero comprobé que estaba toda la cama llena de sangre cuando quise ir al servicio», relata.
La madre avisó rápidamente al personal médico que volvió a intervenirla nueve horas después con anestesia general. «Me habían roto el útero durante la primera intervención y tenía una hemorragia interna», asegura. Fue en esta segunda operación cuando sufrió la salpingectomía. Todavía se pone nerviosa al recordarlo. La secuela: una depresión y cicatrices antiestéticas que el Consello no valora pero que son imposibles de cerrar cada día frente al espejo.
Sangre en los pulmones
«Me abrieron para aspirarme la sangre de los pulmones y tuvieron que sacarme varios órganos para poder limpiar la hemorragia». Fue casi una cuestión de vida o muerte. Dos anestesias generales tan seguidas pueden acarrear graves problemas cardíacos. Antes, y haciendo gala de que a la tercera, va la vencida, Esperanza acudió al hospital de O Salnés para que le extirpasen el quiste. Esta vez, sí. Quiste fuera y biopsia benigna. Cuando todo auguraba que la trama entraba en fase de desenlace, surge la última operación complicada. Regresó al quirófano del Provincial «porque tenía todo el intestino pegado al peritoneo».
Los dolores eran insoportables y parece que inevitables. Esperanza buscó de consulta en consulta su historial clínico. En un principio, había desaparecido y tuvo que acudir a la Agencia de Protección de Datos, para que la gerencia del Chop se lo entregase. «Llegaron a decirme que había desaparecido en el incendio de Vigo», señala. Todavía incompleto debe contar este calvario a los facultativos que la atienden. «Estoy en situación de abandono, nadie quiere hacerse cargo de mí», señala.
Pero se niega a convivir con estos dolores, pero en la última visita se le dejaron claro: «Debe aprender a convivir con el dolor». No cederá. Quiere, haciendo gala de su nombre, curarse.