De los zapatos al pan

Chelo Lago

PONTEVEDRA

El patriarca compró una panadería con los ahorros conseguidos en la emigración y ahora está al frente su hijo, a quien ayuda el nieto, David

12 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ubaldo Pampín pertenece a la segunda generación de panaderos de su familia. Su padre, José, se hizo con la panadería A Santiña hace unos 36 años. El establecimiento data de 1922 y aún conserva el único horno de piedra de la ciudad. «Los otros más cercanos están en Seixo y Campo Lameiro», dice con orgullo Ubaldo.

José Pampín era zapatero, y se marchó emigrado a Alemania, mientras su familia se quedaba aquí. «Allá hizo un dinerito y lo empleó en la panadería, que le fue bien. La prueba está en que llevamos con ella más de treinta años», comenta su hijo entre risas.

Ahora, el patriarca está jubilado y lleva el negocio Ubaldo, que cuenta, a su pesar, con el apoyo de su hijo Daniel, de 18 años, «que plantó los estudios», algo que prefería que no hubiera ocurrido. José sigue acudiendo todos los días hasta el negocio, pues vive enfrente del local. Hombre afable pero temperamental, su hijo recuerda que cuando estaba en activo, en cuanto alguien se paraba un poco, siempre decía «se non tes que facer, limpa». En cuanto al chaval, está encantado con su actividad.

Ubaldo también dejó de estudiar muy joven, y se incorporó al negocio familiar con 15 años, cuatro después de que su padre lo comprara. Y desde la jubilación de este, hace unos diez años, está al frente del mismo. Fue él el que le puso el nombre a la panadería, que antes se llamaba La Flor, y quien comenzó, hace unos seis años, con bollería y pastelería.

Ya está totalmente acostumbrado a vivir con el horario cambiado, y afirma que le costaría trabajar de día. Su horario habitual comienza a las 2,30 horas de la madrugada, cuando se levanta para ir a trabajar. Y permanece en el obrador unas 12 o 14 horas, lo que es una buena señal, pues significa que tiene mucha clientela. A su hijo también lo hace madrugar y con mucha guasa, se apoya en el dicho popular de que «na casa daquel home o que non traballa, non come».

Lamenta que no haya más profesionales en el sector. Comenta que en la asociación de panaderos, de la que es directivo, hacen muchos cursos, casi cada dos meses, para parados e inmigrantes, que tienen muy buena acogida. Pero a la hora de contratar a esas personas, no quieren trabajar de noche.

Afirma que su profesión es muy esclava, pues apenas libran cuatro días al año: Nochebuena, Fin de Año, Reyes y el día de san Cibrán. Aunque esa última jornada, precisamente mañana, viene después de unos días agotadores con la sobrecarga adicional que supone la época de Pascua, con los pedidos de roscas y bizcochos. Dice que esos productos también bajaron mucho con la aparición de los huevos de chocolate. «Hace unos diez años no se vendía ni un huevo y ahora se hacen montajes de chocolate de todo tipo».

En su obrador se elaboran 23 tipos diferentes de pan, todos artesanales: de bolla, de barra, de centeno, maíz, integral, sin sal, de semillas... Nada que ver con esos productos precocinados y congelados «que nos están haciendo daño y que no debería ser yo quien lo dijera, pero hay estudios que hablan de los conservantes que llevan, que no son nada buenos. No tiene nada que ver con el pan de toda la vida. Además, su mismo precio lo dice todo». En cuanto a las harinas, trabaja con Reyes, «que tiene una calidad impresionante», y explica que «aproximadamente tiene 16 tipos de harina», lo que da idea de la que se puede utilizar en esos panes precocinados. «Aparte de los conservantes que llevan -dice- igual estás comiendo pan de un mes».

Sobre la crisis, dice que se nota en los pedidos de los restaurantes, pero no en el consumo de particulares. Al contrario, «puede que haya subido algo, porque es más barato un bocadillo que un Bollicao, y las madres empiezan a estar más concienciadas y se decantan menos por la bollería. También las campañas médicas recomiendan comer pan ante las tasas altas de colesteron que se da en muchos niños por el consumo de bollería».