La hora de la verdad del Dépor

Pedro J. Barreiros

PONTEVEDRA

Sin Verdú y Zé Castro, la visita del Atlético de Madrid exige las mejores prestaciones de los coruñeses

12 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El Dépor se enfrenta al momento clave de la temporada. Tiene en su mano acceder a competiciones europeas y la visita del Atlético, con el que marcha empatado en la clasificación, le devuelve la motivación perdida en los últimos partidos. Ya no hay excusas. Si pierde esta noche, confirmará ese declive en que parece haber caído desde que sumó los puntos necesarios para la permanencia. Si no derrota al Atlético, se situará al borde de un abismo de mediocridad, en ocho jornadas finales sin un objetivo claro por el que luchar. Se sumará al pelotón de los medianos, en esa zona de nadie de la clasificación, y se le habrá agotado el tiempo para pugnar por Europa.

Pero los deportivistas confían en una victoria que los encarame a las seis primeras plazas. Todo un sueño cuando comenzó la pretemporada, allá por el mes de julio, que se puede hacer realidad. El triunfo les permitiría zanjar una semana con los jugadores con el rictus reconcentrado y las filas prietas, siete días marcados por aquellas declaraciones de Miguel Ángel Lotina tras la derrota contra el Espanyol: «Si alguien piensa en el año que viene, lo mejor es que no juegue».

Después de sumar un solo punto de los últimos nueve posibles, el Dépor quiere cambiar el futuro al que se había abocado. Como una premonición, el Atlético de Madrid visita Riazor entre dos aguas, las que lo invitan a luchar contra esa doble personalidad de equipo del montón que lo atormenta y perder hasta la última gota de sudor por la Champions, y las de su estado de nervios permanente, en el que siempre parece condenado a su particular premio de consolación.

En el bando local, Verdú y Zé Castro, dos de los más destacados de esta temporada, serán baja y en sus puestos entrarán los veteranos Pablo Amo y Valerón. Los coruñeses se obligan a un esfuerzo suplementario para recuperar la sonrisa. Para desechar la mediocridad.