De cuando la política es en 3D

Christian Casares / Nino Soto

PONTEVEDRA

Descontentos, desorientados y desencantados andan por el Partido Popular con la situación en uno de sus bastiones de las Rías Baixas

29 mar 2009 . Actualizado a las 03:00 h.

No se sabe si por el buen tiempo que todavía hacía el viernes en Sanxenxo o si por los nubarrones que se ciernen sobre el partido en la villa turística, pero allí se citaron a comer allí la cúpula provincial del PP: Rafael Louzán, Xosé Crespo y José Manuel Figueroa.

Parece ya costumbre que cada vez que vuelve de uno de sus viajes a Sudamérica, Louzán dedique a Sanxenxo su primera visita. Lo hizo en diciembre pasado para apagar una crisis en el PP local que todavía colea. Entonces, la alcaldesa puso su cargo a su disposición de Louzán. Porque Catalina González no dimitirá, asegura la interesada. Con todo, el menú de la comida del viernes no incluía entre los platos principales el lío en el que andan metidos militantes, los gestores de la gestora local y la propia alcaldesa.

Porque en el PP provincial, salvo chinitas en el zapato como la de Sanxenxo, todo rueda como la seda. Con gran parte del mérito de haber recuperado la mayoría absoluta gracias a un escaño más en la provincia de Pontevedra, ya se trabaja para afianzar los resultados y evitar que suceda aquí, lo que pasó en Ourense, que se pierda un diputado con el voto de la diáspora. Por ahí va el intenso trabajo desplegado por la delegación que acompañó a Louzán en Argentina y Uruguay durante esta semana. El diputado número 12 se quedó lejos tras el recuento de las urnas del 1 de marzo. Hacían falta más de diecisiete mil votos en la diáspora.

Votos y unidad en juego

Pero en Sanxenxo tampoco hay pocos en juego, Es un granero y un núcleo duro de militancia, con medio millar de afiliados. Y hay quien ya los ha dividido en tres grupos: descontentos, desorientados y desencantados. «Así se ve la política en Sanxenxo, en 3D», bromea un militante.

Todos ellos se dieron cita en una cena el viernes, con voluntarios y la gente que arrimó el hombro en Sanxenxo durante la campaña. Los descontentos no abrieron la boca. Los desorientados, no saben por dónde andan los tiros. Pero los desencantados cantan más. Porque lo ponen por escrito. Manuel Otero Pombo ya ha renunciado y firmado su salida de la gestora del PP local de Sanxenxo.

Entretanto, ya se han dado los movimientos en busca de alguien que oriente a los desorientados, ilusione a los desencantados y calme a los descontentos. La gestora lleva el partido desde que se fue Telmo Martín, y el mirlo blanco que trence las tres D tendría que facilitar el trabajo de cara a un congreso local, que no se celebra desde hace quince años. Ni los más viejos militantes, con 17 años de carné a las espaldas, como Otero Pombo, recuerdan exactamente la fecha.

Y lo que es peor, cunde la sensación de que Sanxenxo solo le sirve al PP para pasear a sus cargos. No es raro ver por allí a Mariano Rajoy en verano o la recién designada por el PP para presidir la Cámara, Pilar Rojo. La ex ministra Ana Pastor también es una fija en la villa turística. Pero los militantes no ven a ninguno de los suyos remotamente cerca de los órganos de decisión. Ni diputados en el Parlamento de Santiago, ni escaño en la Diputación provincial, ni nada de nada. Porque la victoria de Feijoo ha borrado la sensación de que en el PP hay familias. Pero las hay.