Cuando aún no se ha cumplido un mes de la actuación de Mario Prisuelos en un recital de piano con el título de La música española del barroco al presente celebrado en el Museo, formado por obras del P. Soler, Marcial del Adalid, Albéniz, Granados, Falla, Turina, Mompou, Tomás Marco, Mario Carro y Consuelo Díez, que tan grata impresión nos ha causado, el Museo ha organizado un nuevo concierto, a cargo del dúo formado por Alberto González Calderón y Arnold W. Collado, de piano a cuatro manos: una formación que no se prodiga por nuestros pagos y que nos ha sorprendido muy gratamente.
El programa estuvo integrado por la reducción pianística a cuatro manos de la popular Sinfonía nº 9 en Mi menor, op.95 (Nuevo Mundo), de Dvorak y la ampliación para esta formación musical de la Suite española I, Op. 47, de Isaac Albéniz. La Sinfonía del Nuevo Mundo fue compuesta por Dvorak entre el 10 de enero y el 24 de mayo de 1893, al poco de su llegada a EE.UU. Indudablemente fue escrita para orquesta sinfónica, donde alcanza gran brillantez y colorido; sin embargo, el propio compositor realizó una reducción para su interpretación en el formato de piano a cuatro manos, versión que hemos escuchado en la primera parte del concierto.
Al igual que ocurre con las Paráfrasis para piano escritas por Liszt de determinadas óperas, la versión original es la idónea, pero hay que reconocer que la reducción para piano a cuatro manos, cuando menos resulta espectacular y, sobre todo, como hemos tenido oportunidad de reconocer con la versión de la sinfonía de Dvorak, resulta de una enorme dificultad técnica para ser interpretada por dos artistas en tan corto espacio como es el teclado de un piano. En los 47 minutos que duró su interpretación, hemos observado que, pese a haber tenido profesores diferentes, Alberto y Arnold han parecido dos almas gemelas ante el piano: posición corporal, sincronización elevada al máximo exponente, cruce de manos, manejo de pedales, sentido del ritmo, pulsación, dinámica, expresión e, incluso, hasta la respiración estaba sincronizada. Por otro lado, la obra poseía muchas dificultades técnicas, salvadas con mucha profesionalidad. El numeroso público aplaudió calurosamente.
La segunda parte estuvo integrada por la Suite española I, opus 47 (1886), de Isaac Albéniz: autor del que el próximo día 18 de mayo se cumple el primer centenario de su muerte. Una ampliación de esta obra, escrita originalmente para piano a dos manos, debida a los propios intérpretes, como homenaje al insigne y azaroso compositor español.
Sin interrupción
Los ocho números de que se compone la suite fueron interpretados sin interrupción: Granada, una serenata relajada, de carácter sensual, que cambia en la segunda parte adquiriendo tintes de melancolía; Cataluña, es una corranda (danza que se hacía en corro, con las manos de las mujeres en los hombros de los varones), con mucho cuerpo sonoro en esta versión pianística; Sevilla, estilizadas sevillanas, con marcado gracejo, cuya copla en la parte central fue interpretada con gran expresividad; Cádiz (provincia de la que es oriundo Alberto G. Calderón), contiene sones cual rasgueo guitarrístico en la parte grave, mientras la aguda entona una canción en forma de saeta, luciendo la expresividad de los intérpretes; Asturias, una leyenda interpretada con mucho sentimiento y ensoñación; Aragón, jota aragonesa con aires de fantasía que concluyen en un espectacular tiempo virtuoso, interpretado con gran brillantez; Cuba, cantinela con sones y ritmo cadencioso y sensual; concluyendo con el número Castilla, seguidilla alegre y brillante.
Totalmente entregado a los artistas, el público aplaudió con calor demandando una propina, a lo que Calderón y Collado respondieron con un bis de la página Castilla. Esperamos de estos artistas más contribuciones a la música española, para escucharles nuevamente con deleite.