Un concierto para enmarcar

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

17 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En otras ocasiones nos hemos referido a la coherencia en la confección de un programa de conciertos, cuya minuta debiera incluir una obertura, un concierto y una sinfonía. Con esta estructura en el programa, la excelente Orquesta Sinfónica Ciudad de Atenas ha visitado recientemente el Centro Social Caixanova para ofrecernos la perla de un singular concierto, en el que no ha regateado esfuerzo, calidad y entrega, algo que el numeroso público asistente reconoció enfervorizado.

Una muestra del nivel cultural del pueblo helénico quedó reflejada en el buen hacer de la Orquesta Sinfónica de Atenas que, pese a sus pocos años de existencia, ha demostrado una madurez y versatilidad dignas de todo encomio; ofreciendo una primera parte con música distendida y amena y una segunda más seria, profunda y lírica. Bajo la dirección del maestro Nikos Athinäos, inició el programa con la Obertura de la ópera El asedio de Corinto, de Gioacchino Rossini, página infrecuente por nuestros pagos. Contiene un aire marcial y pomposo en su comienzo, con acusados contrastes fuerte-piano. Su tema principal está extraído del Gloria correspondiente a la Misa de Gloria escrita por el propio Rossini seis años antes, sin que falten a la obra los característicos crescendos y clímax habituales en este compositor. Una partitura que necesita de amplia plantilla instrumental, como así se ha podido comprobar sobre el escenario. Magnífica la sonoridad y el equilibrio en sus diversas secciones, ofreciendo un claro ejemplo de lo que cabía esperar de dicha orquesta. Calurosos aplausos rubricaron la interpretación de esta obertura.

Fuerza evocadora

Completó la primera parte el Concierto para piano y orquesta en Fa Mayor, de George Gershwin, escrito para una numerosa formación orquestal en la que incluye cuatro percusionistas. Su interpretación resultó de una gran amenidad. Intervino como solista Janis Vakarelis: prestigioso y polifacético pianista griego de sólida formación. Estrenado el 3 de diciembre de 1925 en el Carnegie Hall de Nueva York, la obra posee una sugerente fuerza evocadora dado que, sin dejar de lado los tres típicos movimientos de concierto (rápido-lento-rápido) y su estructura culta, mezcla ritmos modernos ligeros al uso en la época de su composición (charlestón, blues, etc.) de carácter sincopado y jazzístico. La buena orquestación, sus melodías y ritmos, junto a una buena interpretación, hicieron de esta obra un concierto muy ameno, en el que destacó la calidad, sentido del ritmo y poderío del pianista, amén de la equilibrada dirección del maestro Athinäos. Los aplausos fueron tan cálidos y prolongados que Janis Vakarelis hubo de ofrecer dos propinas, desbordantemente rítmicas, en consonancia con el concierto ofrecido: Una Canción sin palabras para piano solo, asimismo de Gershwin, y una Bossanova-tango Carlos Jobim.

Rachmaninov

Por si no fuera poco todo lo anterior, hemos de destacar que donde más brilló la orquesta fue con la interpretación de la Sinfonía nº 2 en Mi menor, de Sergei Rachmaninov, que conformaba toda la segunda parte. A lo largo de casi 58 minutos efectivos, Nikos Athinäos con su parquedad en la dirección, sin partitura delante y con la seguridad que da el perfecto conocimiento de la obra, desgranó los cuatro movimientos de la misma, cual espigas áureas de fulgurante brillo, ofreciendo una lectura espléndida de la sinfonía. Un primor en sonido, tiempos, expresión y fraseo; controlando a la perfección los planos y contrastes y llevando una cuerda (en estado de gracia) al nivel de acariciador terciopelo, un viento-madera de forma etérea, un metal sin estridencias y una percusión sumamente delicada. Resumiendo: En su nueva visita a Pontevedra, Athinäos al frente de la Orquesta Ciudad de Atenas ha ofrecido un profundo y lírico Rachmaninov y, en general, un brillante concierto. Para enmarcar en el recuerdo.