El servicio jurídico de la Diputación defiende a la institución de demandas tan dispares como la compra fraudulenta de obras de arte o la perdida de ganado. Por cierto, es inocente
08 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El despacho de Bernardo Sartier Boubeta está estos días algo más revuelto de lo habitual. Desde allí, en la primera planta de la Diputación de Pontevedra, el letrado se pelea a diario con las demandas a las que particulares y empresas someten casi a diario a la Diputación. De hecho, el desorden viene dado por el trabajo que están realizando los carpinteros. Hacen falta más estanterías para archivar el trabajo.
Las sentencias se cuentan por cientos desde que se puso en marcha el servicio de asesoría jurídica al frente del cual trabaja y que le supone, según sus propios cálculos, un ahorro de unos ciento cincuenta mil euros anuales a la institución provincial solo en los honorarios que de otra manera habría que pagar a abogados y procuradores cada vez que la Diputación se ve inmersa en un pleito.
Y son cientos. «Casi siempre referidos a responsabilidades patrimoniales derivados de obras de la propia Diputación o por accidentes en vías provinciales», dice el abogado. Pero a veces, entre aburridos casos de reclamaciones ligadas a baches, cierres de fincas o desperfectos en fachadas, se cuela alguna joya que merece ser contada.
Como la del propietario de unas cabras atacadas por unos perros. ¿Qué tiene que ver en todo esto la Diputación?
Todo empezó en una noche de tormenta. El aparato eléctrico pudo afectar al cierre mecánico del parque donde la Diputación guarda la maquinaria pesada para sus obras. Eso es lo que sustentaría parte de la demanda que fue interpuesta por un particular. A este le pareció ver a los perros guardianes del parque de maquinaria, dos pastores alemanes, devorando los restos de sus cabras.
«Debo absolver y absuelvo...», se lee en el fallo de la sentencia, que ahora se apila junto con otras doce favorables a la Diputación con las que el servicio de asesoría jurídica se ha estrenado en este 2009. En realidad, lo que no se pudo probar, es que los perros fuesen los causantes directos de la muerte de las cabras.
Pero en ocasiones, los casos se complican. ¿Y si un cuadro adquirido por el Museo provincial no resultase ser de quien se lo vendió a la institución? Sí lo era. Nuevo éxito del servicio de asesoría jurídica. Pero costó.
La Natividad de Méntrida cuelga ahora en el Museo, pero lo hizo antes en un piso de Madrid. Su propietaria lo donó a sus sobrinos. No está muy claro cómo estos se repartieron la donación, que incluía, además del cuadro, muebles y otros objetos de valor. El caso es que de la pared del piso pasó a los salones de una casa de subastas: Finarte España. Allí lo compró la Diputación para el Museo sin «mala fé», dice la sentencia. Y esto es parte de las causas por las que La Natividad de Méntrida seguirá en el Museo.
Básicamente, el problema es que uno de los herederos quiso cobrar directamente del Museo sin acreditar que la pieza fuese solo de su propiedad y no además de sus hermanos, que ya se la habían vendido, y por lo tanto cobrado, a la casa de subastas.
Y así, entre tediosos casos de desperfectos en coches, muros y fachadas, el abogado Bernardo Sartier rompe de cuando en cuando su rutina con pequeños misterios sobre arte y herencias y curiosidades con piel de cabra para las que los carpinteros hacen ahora un nuevo hueco en su despacho. Se merecen un lugar especial.