En su tercera visita a Pontevedra bajo el patrocinio de Caixanova, el Circo Acrobático Nacional de Pekín ha ofrecido un espectáculo ilusionante, pleno de luz, color, sonido y alegría; apto para todos los públicos y para todas las edades. Así, hasta tres generaciones de la misma familia han disfrutado con el Dreams (Ensueños): Alma de China ofrecido por este grupo de jóvenes asiáticos; un espectáculo bastante diferente a los dos presentados con anterioridad.
A telón cerrado, una niña con su osito de peluche aparece ante el público (al cual saluda) con un fondo sonoro de un sugerente mundo de pájaros lleno de vida. Se abre el telón y aparece el claro de un bosque con un logrado decorado en el que se adentra la niña hasta encontrarse con el abuelo árbol, de cuya mano camina por este bosque mágico, de sugerentes ensueños, cuyos ojos inocentes sumergen a los espectadores en un asombroso mundo entre mágicos animales que retozan y animan la vida del bosque, formando diversos números a cargo de libélulas, ranas, hormigas, mariposas, leones, etc. Extraordinaria presentación.
Gran calidad
Siguiendo un determinado guión teatral, unido a números de entretenimiento sorprendentes (acrobacias, coreografías, equilibrios, saltos?), los espectadores que llenaban el aforo del auditorio pudieron seguir este show ilusionante, adobado con espectaculares efectos lumínicos, el colorista vestuario y una adecuada música china arreglada al gusto occidental (un tanto alta, por momentos), lo cual contribuyó a crear la atmósfera necesaria para redondear un espectáculo de gran calidad.
Cabe destacar el cuadro de las libélulas, en el que en número de diez realizan diversas coreografías, centrando el protagonismo en una libélula flotando sobre un estanque en el que realiza unos singulares movimientos de equilibrio sobre un minúsculo soporte, con delicados efectos de luz. Curioso, asimismo, el número de las ranas en el estanque con sus innumerables saltos y posiciones, sus zambullidas y la formación de la pirámide con varias de éstas. También el relativo a las hormigas, afanándose por llevar sus frutos y alimentos a sus despensas, haciendo malabarismos con las pelotas de tenis, con las mazas, con una maceta sobre la cabeza y con hasta seis raquetas a la vez, lanzándolas a considerable altura: sorprendente. Digno de resaltar el número de las alfombrillas circulares girando, cual platos sobre varillas; sobre todo al final, con el cuerpo hacia arriba, suspendido por la boca (único apoyo), con las alfombrillas girando sobre brazos extendidos y piernas elevadas, a la vez: espectacular. Como significativo ha sido el número en el que ocho artistas manejaron los sombreros, con piruetas y lanzamientos increíbles. Y así hasta 43 minutos, ininterrumpidos, de dificultad en dificultad.
La segunda parte se extendió a lo largo de otros 47 minutos de actuaciones, sin solución de continuidad. Las abejas jugando con uno y dos diábolos: vueltas circulares y de espalda, sobre los hombros; luego cinco artistas pasándose el diábolo y saltando a la comba con el mismo. Las ardillas con los saltos de aros, hasta llegar a la torre de cinco aros superpuestos moviéndose éstos sobre su eje y cruzados por el aro más alto: ágil y espectacular. El número de las arañas de gran dificultad y destreza; colgándose de unas cintas procedentes del techo, realizando diversos ejercicios, trepando por las cintas y enroscándose en éstas: inverosímil. El bloque de las mariposas manejando los platos giratorios, muy típico de este espectáculo. Los leones, formados por dos personas, de marcado gracejo, como el ponerle el cascabel, la subida de la rampa, el equilibrio sobre la esfera? Destacable el número final con toda la troupe en el escenario y con la niña despidiéndose de ellos, de su ensueño y del público. En resumen: Gran velada circense, convertida en un placentero espectáculo para mayores y pequeños. Una agradable manera de comenzar el año nuevo.