Padre e hijo regentan el Café Sagasta, con medio siglo de historia y al que muchos aún llaman por el mote de su tío Luis, «Caballito», todo un personaje de la vida local
30 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Es la única cafetería que hay en la calle Sagasta y, aunque renovada y modernizada, tiene más de medio siglo de historia. Jesús García García, heredó el negocio de su tío Luis García Pidre, más conocido por Caballito, y muchos clientes aún se refieren a este café-bar por ese sobrenombre o el de Piai.
Caballito falleció el pasado junio cuando iba a cumplir 83 años y fue un personaje emblemático de la vida pontevedresa. Forofo del Deportivo, irónico y guasón, siempre se le recordará cabalgando en su Velosolex y después en su Vespino, «aunque solo fuera para ir a buscar el periódico a la esquina». De ahí vendría su mote, según intuye su sobrino.
En sus inicios, el bar estaba ubicado en la calle Peregrina, donde ahora hay una oficina de Caixa Galicia. Lo fundó el abuelo Isidoro, padre de Luis, y cuando edificaron en aquel solar el establecimiento se trasladó a la calle Sagasta mediante una permuta negociada con el Ayuntamiento y la antigua Sindical. «Estamos hablando de los años cincuenta», aclara Jesús.
Después, cuando se hizo la galería del mercadillo Virgen del camino, para que el bar no quedara partido en dos, hubo que volver a negociar. Y como curiosidad, hoy en día, más de la mitad del local es propiedad de Jesús García y otra pequeña parte del Concello, por la que pagan un canon con opción de compra.
El antiguo Caballito, ya en Sagasta, era el bar de referencia para todos los usuarios de los coches de línea de la empresa Gómez de Castro que hacían la ruta Lalín-Lugo y Ourense. Esta consignataria de autobuses ocupaba el local de al lado, el trasiego de viajeros era importante y todos pasaban por el bar. Muchos buenos fumadores también recordarán que en la época «dorada» del contrabando de tabaco, en Caballito se compraba el mejor Winston americano «de batea».
Jesús ayudó a su tío en el negocio desde jovencito y fueron pasando los años hasta que llegó el momento de «renovarse o morir», cuenta.
La gran transformación del viejo bar en la Cafetería Sagasta se realizó en 1995 y coincidió con la retirada de Luis y la incorporación al negocio de José Antonio, el hijo de Jesús. «A mi tío le gustaba más la trangallada y el chiquiteo y, cuando reformamos, él ya no se encontraba cómodo en el nuevo ambiente que creamos y decidió jubilarse».
Como en la mayoría de los establecimientos del ramo «éste pasó de ser un bar de hombres a una cafetería de mujeres, que hoy son la clientela mayoritaria», dice Jesús. «Aquí vienen muchos grupos de amigas o mamás con niños y raro es el día no calentamos algún potito o biberón».
En una calle tan comercial,, los empleados de tiendas y oficinas son clientes habituales de cafetería. «Los laborables son los días fuertes, más que los fines de semana, por la noche cerramos temprano y el domingo no abrimos», una costumbre extendida con la especialización sector.
Las costumbres y horarios de este tipo de locales de hostelería cambiaron bastante y quizás por eso a José Antonio, el vástago de Jesús, no le parece un trabajo tan sacrificado como dicen. No le gustaba estudiar y al principio empezó a trabajar como un castigo. Comenzó como camarero en otras cafeterías de la ciudad antes de incorporarse con su padre al recién reformado negocio familiar. «Recuerdo que reinauguramos la cafetería con ambiente futbolero, cuando el Deportivo ganó la copa del Rey», señala.
Esta saga histórica de hosteleros tiene otro bar de referencia, también de los más antiguos de Pontevedra, en la calle Riestra, junto a las galerías de Vázquez Lescaille. Hoy es un pequeño local, que lleva Luisa García, hermana de Jesús y tía de José Antonio. Pero en tiempos, cuando lo regentaba su madre Hermelinda, fue pionero en despachar pulpo. Fidel, El Pulpeiro, comenzó allí antes de trasladarse y montar su propio negocio en el casco histórico de Pontevedra.