La estafadora de ancianos sigue sorteando las rejas

PONTEVEDRA

¿Puede una persona con más de medio centenar de detenciones por supuestas estafas estar en la calle? La respuesta es sí y la vilagarciana Susana Fernández Santos, de 37 años, es todo un ejemplo.

Conocida policialmente como la estafadora de ancianos, en los últimos días ha sido arrestada en varias ocasiones, ya fuera por su presunta implicación en el asalto a una clínica veterinaria de Moaña o por lo que parece ser su verdadera especialidad: el timo del pariente.

De hecho, si este lunes fue detenida en relación con dos denuncias por estafa y la Comisaría apuntaba que la arousana había «sido identificada recientemente como autora de otros pequeños hurtos», ayer trascendió que el juzgado de guardia la había puesto, de nuevo, en libertad con cargos.

Fuentes consultadas precisaron que el principal problema que se encuentran las autoridades judiciales ante estos casos y que, en principio, imposibilita el tomar medidas más drásticas es el escaso montante económico que se estafa. Así, las dos últimas denuncias tramitadas al efecto aludían a un montante conjunto de cincuenta euros.

Por su parte, en el seno del Cuerpo Nacional de Policía son conscientes de que estas resoluciones judiciales causan preocupación en el sector comercial pontevedrés. En este sentido, un agente asumió que «se refuerza el estereotipo de que se les detiene por una puerta y salen por otra».

En cualquier caso, se mostró convencido de que, pese a que se dan este tipo de decisiones «que la gente difícilmente entiende», «la labor que realizamos está bien valorada».

Modus operandi

En cuanto al modus operandi que se le achaca a la vilagarciana Susana Fernández, la Comisaría de Pontevedra se ha aconsejado por enésima vez que no se fíen de desconocidos, aunque digan que son parientes de un vecino o conocido. De hecho, la Policía Nacional precisó que la sospechosa, presumiblemente, se vale del engaño para acceder al interior de una vivienda. Los pretextos más habituales son el tener que realizar una llamada a una persona ingresada en un hospital o la necesidad de coger un taxi para desplazarse a un centro sanitario.

Precisamente, se cree que este fue el subterfugio que empleó en dos casos recientes. En ambos, según se recoge en las denuncias, simuló ser un familiar de un vecino del inmueble para ganarse la confianza de su interlocutor. Dado este primer paso, el siguiente fue convencerlos de que su pariente se encontraba ingresado en el Hospital Montecelo y de que, en ese preciso momento, no llevaba dinero encima para abonar el taxi. Así, consiguió veinte y treinta euros.