Otros bancos para afrontar la crisis

PONTEVEDRA

Veinticuatro jóvenes aprenden a fabricar mobiliario urbano como salida profesional. El material que produzcan se instalará en los concellos de la provincia

14 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las siete ciudades gallegas se gastan 3,4 millones de euros al año en reparar los destrozos que el vandalismo causa en el mobiliario urbano. Bancos mutilados, vayas tiradas y marquesinas maltrechas vacían las arcas municipales, que acaban destinando a final de año casi por norma el doble de lo presupuestado inicialmente para hacer frente a los destrozos. Veinticuatro jóvenes están ahora empeñados en invertir el proceso.

Mientras muchos a su edad acaban las noches de marcha pateando mobiliario urbano, ellos inician sus jornadas cada día a las ocho de la mañana construyendo bancos, papeleras, pasarelas de madera o paneles informativos. Ayer se afanaban en pulir metal, cortar madera y soldar las piezas de los primeros elementos que saldrán de la cadena de montaje. Cuando estén acabados, se instalarán en las calles y plazas de los municipios de la provincia, en sus parques forestales o en sus paseos rurales y marítimos.

Claro que el ritmo al que trabajan no será suficiente para reponer todos los que demandan los 62 ayuntamientos de Pontevedra. De hecho, de momento, solo están aprendiendo el oficio.

José Ramón Pérez es el gerente de Mobilia, el proyecto formativo en el que están metidos los 24 aprendices. «Cando acaben, o obxectivo é que poidan exercer os oficios. Este é un proxecto formativo de inserción laboral, pero tamén estamos facendo obra ao mesmo tempo», explica el gerente.

El taller -en realidad una mediana empresa, por equipameintos y material- se ha construido en el interior de la Ciudad Infantil Príncipe Felipe, que gestiona la Diputación de Pontevedra. Formar a la gente, comprar maquinaria y adquirir el material con el que construirán el mobiliario urbano costará setecientos mil euros. Aunque el presidente de la Diputación, Rafael Louzán, no descarta que la cifra acabe llegando al millón si el proceso productivo se consolida a buen ritmo.

«Gustaríanos chegar a todos»

«A verdade é que nos gustaría satisfacer toda a demanda que temos dos concellos da provincia. Gustaríanos chegar a todos. Pero xa veremos como articulamos o reparto dos elementos que de aquí saian, que seguro que van ser moitos», aventura Rafael Louzán.

Araida Lestón maneja una de las máquinas del módulo de madera. Tiene 18 años y es una de las cuatro chicas entre los veinte hombre con los que cuenta el proyecto. Ha heredado la sensibilidad en el trato con la madera de su abuelo Manolo. «A él le gusta mucho y, así, me interesé por el tema. Luego hice la solicitud y aquí estoy», comenta enfundada en un mono azul, mientras juguetea con el piercing que tiene entre la barbilla y la boca.

Pero no es solo interés lo que ha movido a Araida a aprender a manipular madera. Quiere hacer de ello en el futuro una salida profesional estable. Si todo va bien, dentro de un año habrá terminado su formación y tendrá la habilidad y los conocimientos suficientes para construir o reparar mobiliario urbano. Y a juzgar por el gasto que realizan los ayuntamientos gallegos al año en reponer los destrozos causados por el vandalismo, el sector tiene un futuro más que garantizado.