Una marquesina de sesenta mil euros ha copado buena parte del debate político local durante esta semana. Primero fue el Partido Popular con sus críticas a un gasto «desatinado» en plena crisis. Lo cierto es que los sesenta mil euros apenas suponen una gota de agua en un presupuesto municipal de ochenta millones. Así que la contrarréplica del BNG fue en tono sarcástico.
Guillerme Vázquez calificó al PP de demagogo e invitó a que la formación conservadora haga uso de la instalación multiusos. «Poden ir alí a tomar un pulpiño», dijo el edil de Seguridade Cidadá dirigiéndose al Partido Popular. «Este señor vai sendo hora de que se recicle un pouco», replica ahora el líder de la oposición Telmo Martín. Pero la polémica no termina ahí.
El botellón se está convirtiendo en arma arrojadiza en la política local. Los populares dicen que el botellódromo está funcionando ya como un reclamo para que jóvenes «de toda a comarca» se citen en Pontevedra a beber durante las noches del fin de semana. «Temos queixas de veciños de que está aumentando a afluencia e os destrozos na zona».
Sin embargo, el Partido Popular no tiene fácil defender su postura. Los votos de sus ediles sirvieron para aprobar la ordenanza antibotellón. Y ahora, desde el BNG acusan a los populares de estar al acecho para buscar cualquier fisura en la aplicación de la ordenanza.
Lo cierto es que, por efecto llamada o no, el botellódromo se está revelando como un éxito. Ha logrado atraer a picos de cerca de dos mil personas y la venta de alcohol en la calle a partir de las diez de la noche es casi inexistente.
Las lluvias del invierno amenazan con chafar el éxito del invento al persuadir a los jóvenes de ir a un lugar, el recinto ferial, donde los lugares de abrigo escasean. Así que la marquesina para resguardarse llega en el momento justo. Y si los populares se quejan del efecto llamada que puede tener la techumbre, los actos programados en la zona pueden estimular aún más el debate político por el botellódromo.
De momento, el sábado que viene, la banda Extremoduro dará un concierto en el recinto ferial, a escasos metros del botellódromo. La vuelta del grupo que lidera Robe Iniesta a los escenarios sí que atraerá público. Y los desperdicios que deja tras de sí cualquier concierto.