«Por sus obras les conoceréis». La extracción de esta frase de su contexto del Nuevo Testamento y ser llevada al mundo de la música, puede encajar perfectamente con la Real Filharmonía de Galicia. Las obras por las cuales podemos conocer a la RFG son sus exquisitos programas, sus impecables interpretaciones, la belleza de su sonoridad y su correspondencia al calor del público, reflejada en sus esperadas propinas.
La temporada de conciertos que organiza la Obra Social Caixanova, se inició en Pontevedra con la siempre deseada visita de la orquesta RFG dirigida en la presente ocasión por su titular, Antoni Ros Marbá, contando con la colaboración del joven violonchelista Adolfo Gutiérrez, los cuales han ofrecido obras de Edward Elgar y Johannes Brahms.
Programa
La primera parte del programa estuvo integrada por el Concierto para violonchelo y orquesta en Mi menor, Op. 85 del compositor británico Elgar, obra infrecuente en la ciudad del Lérez. Integrado por cuatro movimientos, este concierto fue estrenado el 26 de octubre de 1919, bajo la dirección del compositor y es de carácter elegíaco. En su reciente interpretación en nuestra ciudad y actuando como solista Adolfo Gutiérrez, se dio una curiosa anécdota: Durante los primeros compases en los que el solista presenta un recitativo de carácter dramático, se oyó un ligero chasquido a causa del salto o rotura de una cuerda y tras una mirada significativa del chelista al director, éste paró la orquesta. Con toda la frialdad del mundo, el solista montó de nuevo la cuerda, la afinó e hizo indicación al director para reanudar el concierto. Ros Marbá indicó da capo y el concierto se desarrolló sin más incidencias.
El solista, Adolfo Gutiérrez, ofreció una lectura muy cantabile de la obra, demostrando en el transcurso de la misma poseer una gran veteranía, profesionalidad, bello sonido y vibrato; sentido de la musicalidad, expresividad y virtuosismo, calando estos sentimientos en el público. Fue arropado por el buen hacer de la orquesta que la batuta de Ros Marbá condujo con pericia, fraseando con claridad, sin agobiar al solista, cuidando mucho el volumen, concertando con maestría solista y orquesta. Fuertes aplausos rubricaron la interpretación. Ante la insistencia del público, Adolfo Gutiérrez ofreció una breve y apacible propina: la Zarabanda de la Suite nº 5 en Do menor", para violonchelo solo, de Juan Sebastián Bach.
Si bien la interpretación del Concierto para violonchelo, de Elgar, rayó a gran nivel interpretativo, la Sinfonía nº 3 en Fa Mayor, Op. 90, de Johannes Brahms, que conformó íntegramente la segunda parte del programa, resultó a la postre lo mejor del mismo; sobre todo los dos movimientos centrales: el Andante sumamente expresivo e legato (lo mejor del concierto) y el Poco allegretto con unos excelentes solos de trompa, constituyendo una bellísima melodía muy popularizada.
Bajo la experta dirección de Ros Marbá y con la mínima gesticulación por su parte, la RFG ofreció una vibrante lectura de la sinfonía, conjuntando excelentemente todas las secciones, de forma que el viento-metal y la percusión no afectaron el equilibrio sonoro de la orquesta. ¡Felicitaciones!
Sin propinas
Finalmente, permítanme que haga una consideración-comparación. En el Concierto de Año Nuevo que se celebra en la capital austriaca, la Filarmónica de Viena ofrece siempre tres habituales propinas (dos de ellas, las consabidas: El bello Danubio Azul de Johann Strauss, hijo y la Marcha Radetzky de Strauss, padre), con las cuales clausuran el concierto y por parte de nuestra Real Filarmonía de Galicia siempre regala una habitual propina al público pontevedrés: El Silencio y perdonen que no me acuerde del autor. Una similitud digna de resaltar. «Por sus obras les conoceréis».