La buena suerte sonrió el pasado martes por la noche a un boleto de la Bonoloto que se selló en la Administración de Lotería de Estado número uno de Marín, sita en la calle de Bastarreche. Se trató de una apuesta de cuatro columnas, con cinco aciertos y el complementario, lo que supuso para el dueño del billete afortunado un regalo de 191.430 euros. Ayer en los corrillos marinenses se especulaba sobre quién era el ganador del boleto, cuyo nombre permanecía en el anonimato. La propietaria de la administración de lotería, Matilde de Pazos Salazar, señaló que, por lo que ella sabía, se debía tratar de una persona que jugaba a la Bonoloto todas las semanas y que llevó el billete cubierto a mano. La noticia del premio del martes corrió como la pólvora por la localidad y durante la jornada de ayer muchos clientes bromearon con el deseo de que les tocase a ellos, mientras que más de un vecino se acercó por primera vez para ver si se repetía la visita de la fortuna con sus apuestas.
Matilde de Pazos incidió en que el premio sellado en su oficina fue el único que hubo en España en ese sorteo y que también es el más elevado que ha entregado en la Bonoloto. No obstante, la suerte no ha sido esquiva con esta administración de lotería en años pasados. Hace tres años, por ejemplo, entregó unos décimos del primer premio de la Lotería de Navidad y posteriormente también un segundo premio del sorteo semanal.
Si la administración de lotería de la calle Bastarreche centró la atención de muchos marinenses, al otro lado de la villa, en Cantodarea, los vecinos miran con agrado la transformación de la plaza pública situada en el límite de la calle de Fuente del Este con el núcleo pontevedrés de Estribela. En esta plaza, dos integrantes del colectivo Graficólicos, Crawler y Smok de nombre artístico, llevan varios días dejando su impronta colorista en las paredes del edificio que en su momento se proyectó para plaza de abastos del barrio. La concejala de Medio Ambiente de Marín, la nacionalista Pilar Blanco, señaló que la iniciativa pretende «embelecer unha praza degradada». Y es que el edificio en cuestión parecía más una mazmorra que un mercado. Cuando se arregle el jardín, la zona estará irreconocible.
Crawler explicó que el grafiti que cubre ahora la fachada del local relata una «historia de amor entre un viejo marinero y una chica». Para dar fuerza a la narración, se han tenido en cuenta fotos antiguas de Marín y se ha dibujado, con una interpretación personal de los artistas, una playa y otros parajes de la zona.