No todo iban a ser derroches físicos. Galicia ofrece un recorrido por los manantiales naturales y por los templos del relax y la salud realmente apetecible. El turismo que persigue «desconectar» de la rutina se abre ante nosotros de manera incipiente.
Cada vez las cartas de servicios de los balnearios y spas son más nutridas y a estas alturas son pocos los que nunca han oído hablar de la chocolaterapia, la vinoterapia, los envolvimientos de algas o el flotarium (una piscina de 8.000 litros de agua con una concentración de 4.500 kilos de sales que emulan la ingravidez del Mar Muerto).
Masajes y tratamientos adelgazantes, las piscinas de agua salada, las saunas turcas y finlandesas, las duchas vichy y en general las zonas de relax de los balnearios siguen creciendo.
Desde alrededor de los 15 euros que pueden costar cuatro horas de disfrute de este tipo de instalaciones hasta lo que la cartera soporte, la variedad es abrumadora. Los spas florecen en verano como todo lo demás en primavera. El que quiera puede quedarse en Pontevedra o acercarse a Sanxenxo, Baiona, Mondariz, La Toja, Meaño, Cuntis o Caldas, porque en todas estas localidades hay espacios para la tranquilidad.
Pensión completa
Como no podía ser de otra manera, los centros de relax se centran principalmente en aquellos clientes que pasan más de un día entero de tratamientos. La inmensa mayoría cuentan con habitaciones a modo de hotel para que los estresados no tengan que preocuparse de nada, solo de alcanzar la relajación.