Su imaginación y sus manos diseñan flores y tocados llenos de artesana originalidad transmitida de madre a hija
01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Aprendió a hacer una rosa con tela y, como dice, «con la cabeza y la imaginación», fue quitando el resto de creaciones que elabora en su taller, que bien merecerían ser objeto de una exposición. Encarna Troncoso, natural de Caldelas de Tui, se inició en la artesanía floral en Río de Janeiro, el mismo lugar donde conoció al que es su marido desde hace 51 años, un pontevedrés que como ella y su familia había emigrado a Brasil. Como recuerda, salió de una aldea en la que solo había una radio para vivir en una ciudad de trece millones de habitantes, así que ahora no le asusta nada. «Soy vieja -afirma- pero muy moderna».
«En Río había comercios que vendían los materiales y enseñaban la artesanía -cuenta-. Y aprendí a hacer la rosa, muñecos de fieltro, burritos de astracán... Al principio hice de todo, pero después fui centrándome en las flores».
A su regreso en 1971, ya instalados en Pontevedra con sus dos primeros hijos, su idea era montar una tienda similar a las que había visto en la urbe brasileña. Pero un accidente de su marido y después el nacimiento de otros dos hijos truncaron entonces sus planes. Empezó luego adornando capillas y elaborando flores en su propio taller en casa. Muchas de sus primeras clientas fueron las jóvenes que se ponían de largo en el Liceo Casino en los 80.
Desde hace unos años, ese taller lo comparte con su hija menor, Marta, quien reconoce que al principio no se sentía atraída por este tipo de artesanía, «quizá porque las flores eran lo que tenías en casa, eran parte de nuestra vida». Después de acabar Secretariado Bilingüe Comercial pasó otro difícil momento personal y no le apetecía trabajar fuera, así que comenzó a ayudar a su madre. «Me fue gustando y metiendo y ella vio que tenía habilidad», dice Marta, algo que enseguida corrobora su madre: «Se le da muy bien, hace cosas muy bonitas».
Continuidad
«Ahora me gusta mucho este trabajo -reconoce la pequeña de la casa- y disfruto un montón. Soy mi propia jefa, tengo mi horario... Pero el alma de esto es ella». A sus 73 años, Encarna no piensa ni de lejos en la retirada: «No soy persona de ir a tomar cafés; ahora están de moda esos talleres de memoria, pues éste es el mío y mientras pueda, seguiré». A ella le gustaría que Marta montase una tienda en el futuro, aunque su hija es, de momento, más reticente: «Si estoy cara al público, no trabajo, entonces siempre le digo que hay que esperar».
Encarna reconoce que actualmente hay mucha más competencia, «pero en rosas y camelias no hay quien nos eche la mano encima». La crisis se nota desde hace un par de años y ellas también lo perciben porque los materiales se están encareciendo. «Hay gente que viene pensando que esto se hace regalado y no es así, porque a nosotras no nos regalan nada», dice la madre, a lo que su hija apostilla que «no puedo hacer un tocado igual a uno de Armani por cinco euros, porque salgo perdiendo».
Aseguran que, normalmente, sus clientas se dejan aconsejar. «No nos interesa vender por vender, porque quien nos vende son los clientes, aquí se funciona por el boca a boca», reconoce Marta. Así que si hay que cambiar, se cambia el tocado. «Te lo piensas casi todo, dudas si poner o no las plumas aquí... La verdad es que nos da trabajo hacer cualquier cosa», señala. Su madre incluso dice que a veces ni duerme bien pensando en si le va a salir el tocado el día siguiente. Pero sus diseños triunfan y hoy incluso los tienen clientas en México. «Están por todas partes -señala Encarna-. Yo trabajé mucho con Carmen Melero, de Vigo, y luego hay flores nuestras en Canarias, Madrid, porque muchas clientas vienen en verano a encargarlas; en pocos sitios habrá que no las tengan».
Reconocen que trabajan de manera distinta y que, desde luego, no siempre comparten opinión. «Cada una hace lo suyo, aunque es verdad que a veces lo que hago a mí me encanta y a mi madre le horroriza», dice Marta. Pero fuera del taller, se acabó el hablar de tocados y flores, es algo que siguen a rajatabla.
Las fotografías de las revistas y sobre todo, su talento, inspiran a Encarna para realizar sus diseños. «A mí me inspira ella, lo sacó todo de su cabeza», dice su hija.