Un año después de su muerte, la soldado Idoya Rodríguez sigue estando presente en el recuerdo de los pocos vecinos de la aldea de Bidueiro, en la parroquia friolense de Nodar. En las últimas horas de la mañana de hizo ayer un año en la casa de Estraviz se recibió la peor de las noticias que puede llegar a un hogar, la muerte de un hijo. Su familia la recordó ayer con una misa que tuvo lugar en la iglesia de Nodar y a la cual asistieron los padres, otros familiares y también tres representantes de la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable (Brilat) con base en Figueirido, a la cual pertenecía la soldado, asistieron a la celebración. Además, depositaron flores en el panteón donde reposan los restos mortales. No fue éste el único recuerdo. Al parecer, en la sede de la Brilat también tuvo lugar otro acto, según señaló el padre de Idoya quien recordó, asimismo, que hoy tendrían otra conmemoración.
Cuatro centros de flores frescas cubrían por completo la base del panteón familiar. Idoya está enterrada junto a sus abuelos, José Rodríguez Estraviz, que falleció en julio del año 2001, a los 70 años y Carmen Arias Meilán, que murió en octubre de 1995, a los 67 años. En el nicho donde reposan los restos mortales de la soldado friolense hay dos placas de recuerdo. Una de ellas es especialmente emotiva. Se trata del epitafio de recuerdo de su novio, militar como ella y de sus primos. «Te amo, ruliña», expresa su compañero. Acaba el texto con la siguiente frase: «Aunque el tiempo pase, aunque el mundo no se detenga, aunque todo sobre, nunca te olvidaremos».
En la capitalidad municipal, en Friol, también se honra la memoria de la soldado con un monolito en el campo de la feria. Ayer no tenía flores. De todos modos, en la localidad varias personas recordaban que ayer se cumplía un año de su fallecimiento porque el cura de la parroquia anunció el pasado fin de semana que mañana tendrá lugar la misa de primer aniversario, a partir de las cinco de la tarde.
Los vecinos de Bidueiro tienen muy presente a la joven fallecida. Entre otras muchas cosas, por su carácter abierto y comunicativo. «Cando viña era rara a vez que non nos fose a visitar para preguntarnos como nos iba e tamén contarnos algunha cousa dela», expresó una vecina. «Non me diga que non foi mala sorte o desa rapaciña. Só lle quedaba un pouco máis dunha semana para volver definitivamente de Afganistán. Ninguén pode imaxinarse o sufrimento desa mai que perdeu ao ser máis querido», contó otro de los vecinos. La joven friolense murió en la mañana del miércoles 21 de febrero como consecuencia de la explosión de una mina al paso de un convoy militar español que estaba compuesto por cinco vehículos tipo BMR. Idoya conducía uno de ellos. Siempre tuvo habilidad especial para manejar las máquinas. En casa, casi siendo adolescente, conducía a la perfección el tractor que ayer sus padres tenían guardado en un alpendre.
En el atentado, que tuvo lugar a 40 kilómetros de la base de Herat, resultaron heridos otros dos soldados, uno de ellos gallego. Familiares de la fallecida comentaron ayer que ésta siempre había mostrado mucho interés por formar parte del ejército. Disfrutaba y prueba de ello es que aunque en muchas ocasiones le hicieron sugerencias para que se dedicase a otra cosa, sobre todo cuando se conoció que podía ir a misiones con cierto peligro en el extranjero, siempre dijo a todos que lo suyo era la vida militar y que no iba a dejarla por nada. Ingresó en el mundo militar en el año 2001 y llevaba tres años en Figueirido. «O destino é despiadado. Se os talibáns houbesen agardado unha semana para facer estourar as bombas hoxe Idoya estaría con nós, con súa mai e seu pai, que tanto a necesitan», dijo un vecino de la aldea de Bidueiro.
En la casa de Estraviz reinaba ayer el silencio. Ni tan siquiera los perros, que tanto cuidaba Idoya, se alteraron a la llegada de extraños por una pequeña pista que fue asfaltada en los últimos días. Los padres tuvieron un año muy duro, difícil. Poco a poco van saliendo. La madre de la joven todavía guarda un luto riguroso. La madre, Consuelo, todavía guarda luto riguroso y posiblemente seguirá haciéndolo mucho tiempo. Los dos tuvieron ayer palabras de agradecimiento para los vecinos, las autoridades y especialmente para los compañeros y jefes de su hija de la Brilat pontevedresa. «Chamáronos moitas, moitas veces para interesarse por nós, para preguntarnos se nos facía falta algo. Querémosllelo agradecer», indicó la pareja ante la puerta de su casa. El padre detalló que habían vivido momentos muy duros, muy difíciles de superar por momentos. «A pedra fire a quen bate», señaló. Quiso decir que únicamente se conoce el dolor profundo cuando uno es el afectado. «Tivemos moito apoio, pero o peor é que non a temos a ela», dijo Consuelo, la madre de la soldado fallecida.