El 2 de septiembre del 2005 marcó un antes y un después para Javi Rodríguez. A las puertas del cierre del plazo de fichajes, el Levante se encontró con que le había volado a última hora un delantero sueco. Sus aspiraciones de ascenso le llevó a recurrir, a prisa y corriendo, al mercado nacional y en él encontró a un delantero catalán que el curso anterior había materializado 16 goles con el Pontevedra en Segunda División.
A partir de ese momento entró en acción Nino Mirón. El dirigente granate manejó los tiempos de la negociación a su antojo a pesar de que el dirigente del club valenciano se largó un farol a solo un par de minutos de cerrarse el plazo.
Mirón, que tampoco disponía de una alternativa para suplir en el ataque la ausencia del catalán, forzó la máximo la maniobra. Javi Rodríguez y el Pontevedra se encontraron, de la noche a la mañana, con un traspaso increíble: firmó por 4 temporadas, con ampliación de una más en caso de ascenso. Sus condiciones económicas fueron espectaculares: 240.000 euros (40 millones de pesetas) para cada una de las dos primeras campañas y en la tercera 60.000 euros más.
Con el ascenso del Levante a Primera, las condiciones del catalán se duplicaron. Pasaron a ser de 480.000 euros, con un plus de 1.000 euros por cada gol.
Por su parte, el Pontevedra obtuvo también el mayor traspaso de su historia: 480.000 euros y 120.000 más por el ascenso, lo que supuso 100.000 millones de pesetas. Ayer, el Pontevedra y Javi Rodríguez, después de la gran rentabilidad económica que han obtenido, volvieron a encontrarse. Han tenido que hacer un esfuerzo económico ya que había otros clubes interesados por el jugador que ponían más dinero sobre la mesa.
Javi, ahora un poco más rico que antes, necesita volver a sentirse futbolista. Nada mejor que hacerlo en el estadio en el que más brilló: Pasarón.