El barrio de A Moureira, cuna de la Pontevedra moderna, guarda entre sus habitantes y casas, curiosos apodos familiares que vienen de muy antiguo y muchos de los cuales figuran en el libro A Vella Moureira, del arquitecto Rafael Fontoira Surís, que hace unos meses que salió a la calle, editado por la Diputación. Un claro ejemplo de esos sobrenombres lo tenemos en el mismo presidente de la Asociación de Vecinos San Roque, Sabino Martínez Fontán, que pertenece a la familia de los Panderetas, como aún es conocido por muchas personas del barrio. Su abuelo despertaba la curiosidad de los pontevedreses en las procesiones en las que participaba el Gremio de Mareantes debido a su poblada y larga barba blanca. Familia de pescadores, como la mayoría de los habitantes de As Moureiras, Panderetas, que tuvo 14 hijos, fue presidente del gremio durante muchos años.
Pero muchas de las familias, algunas sin descendientes ya en la zona, y especialmente las casas antiguas existentes en el barrio, siguen conociéndose por los apodos de sus habitantes originarios, en la mayoría de mujeres. Este matriarcado se hace patente, por ejemplo, en las casas da Puchareira, da Combarresa, da Pilota, das Maragotas, das Demoniñas, das Xenxas (familiares del mismísimo pirata Benito Soto), da Rianxa ou a casa da Morcega. En el citado libro de Fontoira se recogen también otros curiosos sobrenombres, como Chora polo Moído, Caldo de Jaliña, A Patoula, As Patacas ou O Cagón. Este último, Ramón Novoa, fue un aventurero que navegó durante toda su vida, emigró a los Estados Unidos y Argentina, y lo pasó muy mal de marinero durante la Segunda Guerra Mundial, navegando entre África, Alemania y Rusia.
Una de las casas antiguas que aún se conserva como antaño, que no son muchas, es la conocida como la de José Pazos, O Capador. En este caso, el alias le viene de su profesión, pues era ganadero y según se recoge en A Vella Moureira, en una ocasión el tren que pasaba por la zona, atropelló a su rebaño de ovejas, que soltaba a pastar por la Ribeira dos Peiraos, y mató a trece o catorce animales y supuso una auténtica tragedia. Pegado a ese inmueble está, también conservada en la actualidad, la del Tesalán, cuyo propietario era fogonero de barco. Cerca de ellas está intacta la casa de Sebastián O Cacholas, dedicado a la salazón y familia también de As Demoniñas, gente de mar como la mayoría de las del barrio, marineros los hombres y vendedoras de pescado las mujeres.
En la conocida casa que albergó el sanatorio de los leprosos habitó desde 1940 José Fernández Carrera, o da Carroza y en la actualidad lo hace su hija Lucía. Era una persona muy conocida en toda la ciudad pues en la primera mitad del siglo pasado tenía una de las dos únicas carretas de caballos que había para realizar el transporte de paquetes y mercancías. La otra era la de Felipe, el de los calzados. En una de las casas contiguas, perteneciente a la familia Pazó, vivió a principios de siglo XX Chiana a Feirante, que tenía una burra que pastaba libre en la zona y conocida por todos los vecinos como a burra da Chiana, que utilizaba para su trabajo por las ferias de la comarca. También de su oficio de lavandera le vino el sobrenombre a Sebastiana a Lavandeira, que vivió en la casa de Joaquín Fernández, de la Autoridad Portuaria. Rafael Fontoira recoge que las lavanderas tenían que pagar por hacer su trabajo en el lavadero do Pailán, en el río Gafos, y no todos los puestos costaban lo mismo, pues los de aguas arriba eran más caros, porque venía más limpia.
Junto al domicilio de A Chiana vivía la familia Torres Ogando, más conocida como Os Forriños. Estaba formada por cinco hermanos, todos marineros, que quedaron huérfanos de pequeños. El primogénito se marchó a Cádiz y se fue llevando, uno a uno, a los demás. Otro de los apodos familiares es el de As Chinchorras. El hijo de la Chinchorra era Pepe O Boi, porque aunque era marinero, también ejercía de matarife y criaba y mataba cerdos. En el libro se recoge la anécdota que contaban los más viejos del lugar, de que en más de una ocasión, el cerdo a sacrificar escapaba como alma que llevaba el diablo con el cuchillo clavado, y todo el barrio corría detrás a buscarlo. Os Julillas (la familia Rivas), Os Calicas, O Cacholas, O Xabeiro, Os Rache, Os Mandrións (familia Román), Os Canarios (familia Gómez), A Puchareira, Os Jateiros e As Taínas, son otros de los nombres por los que son conocidas antiguas familias del barrio. Por cierto, otro vecino, Ricardo Ramírez Plá, de la familia dos Mandrións, tenía una barca a remo en la que pasaba a la gente hasta la Puntada para ir a la playa.