Ver a un nieto bien vale hacer mil kilómetros en taxi. Ayer empezó el periplo hacia el sur de Lucía Loira y su marido, Manuel Bastón, el matrimonio que ha tenido que coger un taxi para desplazarse nada menos que hasta Cádiz porque no han logrado un transporte público adaptado para Manuel, sentado en una silla de ruedas desde hace trece años. Así que ayer a las ocho de la tarde se montaron en un taxi, en el que estaban dispuestos a viajar toda la noche por un buen motivo. Marcos, el hijo de Lucía, va a ser padre.
El nacimiento del nieto es inminente. Porque ni Lucía Loira ni Manuel Bastón saben aún si el bebé que está en camino es en realidad un nieto o una nieta. La preocupación ahora es que su nuera dé a luz en Cádiz antes de que el taxi llegue a su destino. Todo habría sido más fácil si pudiesen hacer el trayecto en tren, como habían planeado inicialmente. Pero problemas con la accesibilidad en las líneas de largo recorrido de Renfe obligaron al matrimonio a buscar otra opción. Tampoco el autobús está pensado para que gente como Manuel Bastón pueda viajar en él. La accesibilidad continúa siendo una tarea pendiente. Y además tiene un precio. El viaje hasta Cádiz le saldrá a un euro por kilómetro. Mil eurazos será la factura, algo más abultada, eso sí, que un par de billetes en avión, pero ni Lucía ni Manuel están para más sobresaltos y sorpresas desagradables. Y menos cuando lo que se están jugando es llegar a tiempo para ver al nuevo miembro de la familia
Tormentoso cuanto menos ha sido el regreso a España de una familia de Bueu que hizo un viaje a Rumanía hace unas semanas y se encontró con que no podía dejar el país balcánico con su bebé. Ayer José Manuel Iglesias García, su mujer Mónica y su hijo Daniel Alexander pudieron pisar por fin suelo español después de cinco días atrapados en Bucarest, pendientes de la autorización oficial para poder salir y de un vuelo que los sacase de Rumanía. La aventura comenzó cuando este buenense, casado con una rumana, viajó al país de origen de su mujer para que su suegra pudiese conocer a su nieto. Burocracia desesperante. Nadie les dijo que el bebé necesitaría un pasaporte para poder abandonar Rumanía y llegaron a desesperarse con la burocracia del país transilvano. Los buenos oficios de la Embajada de España en Bucarest, supliendo con un salvoconducto la falta de documentación válida del bebé solucionaron el problema. O sea que ya saben, ninguna precaución es poca a la hora de viajar al extranjero y sobre todo con menores. José Manuel Iglesias lo tenía ayer claro. Su objetivo es regresar hoy a su hogar, también lejos de su Bueu natal, en Fuerteventura y ni oír de volver a Rumanía, al menos por ahora.