Medidas sin medida

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

14 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Los responsables del teatro gallego exprimen su intelecto, tratan de buscar nuevos horizontes, de crear y recrear historias, verosímiles o inverosímiles pero novedosas, de hacerse con una parcela alejada del costumbrismo o los tópicos, de dar nuevas formas a la escena actualizando líneas argumentales, lenguaje y montaje. En este sentido, observamos como se va avanzando y buena prueba de ello la tenemos en Áncora, una productora fundada en 1989 de la mano de Ángela G. Abalo y Gustavo Pernas Cora, que recientemente ha visitado el Centro Social Caixanova de Pontevedra para ofrecer su montaje de Medidas preventivas, del que -precisamente- Gustavo Pernas es el autor y director de la obra.

Zarzuela

Medidas preventivas es -permítanme el símil- una zarzuela muy nuestra, desarrollada en cinco cuadros que bien pudiéramos subtitularla La del manojo de nervios. Inspirada en hechos urbanos, guerras o sucesos, sus personajes son una amalgama de nervios, intranquilidad, inseguridad, miedos, tensiones, frases hechas, tópicos, esperpentos

Todo se rige bajo normas, medidas o prevenciones, quizá medidas sin medida, que atan a los personajes, coartan sus movimientos (hasta sus pensamientos), los paralizan y bloquean. Una obra pensada para el lucimiento de sus tres actores que representan a quince personajes, los cuales pasan por el escenario sin solución de continuidad, salvo cuando éste se funde en negro para dar entrada a un nuevo cuadro, transmitiendo al espectador pinceladas de fino humor y dramatismo.

Así, en el primer cuadro, el autor presenta una situación interrogante a la hora de viajar a determinado país, como consecuencia del atentado del 11-S: las maletas, la prueba, el test del interrogatorio y sus medidas preventivas en cuanto a seguridad.

En el segundo, un muerto en un nuevo atentado, tendido en el suelo y tapado con papel de aluminio, asomando solamente su calzado y a uno de sus personajes llorando por si se trataba de un familiar o un amigo, con la paradoja del teléfono móvil sonando con la música del Himno a la alegría.

El tercer cuadro representa a la artista Helena Ortas en su papel clásico de Medea, declamando en una función con el fondo musical de Casta diva, interrumpida por la policía (los «mensajeros de malas noticias», cortando el monólogo de la artista por presunta implicación en una muerte por violencia de género; pasando por el fondo musical de El cant dels ocelles; todo ello en base al ritornello de violencia preventiva.

Este cuadro dio paso al cuarto, enunciado como ¡Central a la Patrulla 36!, con la secuencia de una pareja de policías corriendo para atender las diversas llamadas de la Central, mientras un tercer personaje está deambulando y fumando sobre el viaducto a punto de

Buenos actores

Finalmente, el quinto cuadro ubicado en un pueblo de Madrid en el que se escuchan gritos de nacionalistas y republicanos, con la silueta y la metáfora de los girasoles que siempre miran «cara al sol» y el temeroso silencio de los personajes por esta frase, asomando sus camisas blancas manchadas de sangre: una personal pintura con connotaciones goyescas, Madrid, fusilamientos y guerra civil. Vamos, muy de actualidad. Tema manido últimamente, que como comentaban varios espectadores a la salida: «¡Ya está bien! Que dejen descansar a los que descansan en paz».

No obstante, la obra Medidas preventivas está bien urdida y magníficamente interpretada por los actores Ángela G. Abalo, Xosé Bonome y Vicente de Souza, con una significativa gesticulación y dicción; muy bien dirigida por quien la parió y una adecuada sobriedad en la puesta en escena.