Praza da Ferrería
13 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El mar volvió a retar el tesón y el valor de los navegantes. El punto fatídico donde se hundió hace un siglo el Titanic, recibió al intrépido aventurero Suso Leiro con una gran tormenta. Como si de una maldición se tratase, la visita del portonovés a la tumba del trasatlántico estuvo a punto de ser su propia tumba. El día se convirtió en noche, el viento llegó a los cien kilómetros por hora y las olas superaron los cuatro metros. Así estuvo Leiro durante dos días y medio. «Entraba agua por todas partes, se me mojaron todos los equipos electrónicos y con un golpe de mar se me dobló el eje del timón», recordó ayer desde las Azores. «Tuve que realizar un arreglo con unas cuerdas para poder manejar el timón desde dentro de la cabina, no podía salir porque me arrastrarían las olas». Exhausto, Leiro decidió interrumpir su expedición al Polo. El tiempo se le echa encima. Salió demasiado tarde de Sanxenxo y el verano es muy corto en el Ártico. Los días empiezan a ser demasiado cortos y fríos en agosto. Pero no abandona, volverá a intentarlo en año que viene. Ahora, desde las Azores emprende el regreso a casa. Arribará el día de San Xoán, para disfrutar con los suyos del calor de las hogueras. En su anterior periplo náutico, Leiro tuvo también la mala suerte de que a la altura de las Azores una ballena se cruzase en su camino y le rompiese la orza. Mucho más pacífica fue Anduriña, aquel ejemplar de ballena jorobada que se paseó durante el mes de febrero del 2003 por la ría pontevedresa, poco después del desastre del Prestige, en febrero del 2003. Pues bien, en el paseo de O Con, en Moaña, luce desde ayer una escultura de homenaje a este cetáceo -que también hizo escala entonces en esta localidad-, obra de los autores Juan Fernández Rivas y Antón Salgueiro. Es su particular homenaje a la «ballena del chapapote», como le llamó Rivas. Mosaico de 30.000 piezas El montaje duró un año. Es una especie de puzle gigante, o al menos así lo describió Antón Salgueiro, compuesto por 30.000 piezas. La cola, vertical, no es un fallo de diseño. Rivas quiso hacerla así. Las aletas hacen la función de banco. Es una gran ballena, de 15 metros de longitud y una altura que ronda el metro setenta en la cola. Descansa sobre arena tratada con epoxi. El alcalde de Moaña, Xosé Manuel Millán, está ya convencido de que la Balea do Con se va a convertir en el emblema de la localidad.