DESDE MI BUTACA | O |
07 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.La mayoría de los pontevedreses que por razón de edad ya hemos recorrido los dos tercios de vida, recordamos que hace unos años vino a nuestra ciudad el Teatro Circo Argentino (indudablemente más teatro que circo) para ofrecernos su arte durante una semana, en las proximidades del Mercado Municipal. Una noche, un incendio destruyó la carpa de sus actuaciones y los componentes del Teatro Argentino (integrado por una amplia familia y un grupo de amigos) se quedaron en la calle. Nuestra ciudadanía los recogió con los brazos abiertos y les ayudó cuanto pudo. Así, se les cedió el local del Cine Exploradores (sito en la calle de San Nicolás) y allí ofrecieron durante varios meses sus representaciones teatrales en un amplio abanico que abarcaba desde los clásicos españoles hasta los maestros de la literatura rusa, pasando por el teatro religioso, con un variado campo artístico donde figuraban: comedia, drama, tragedia¿ Escenificaron más de 40 obras diferentes, de las 200 que integraban su repertorio. Increíble. Cuando se despidieron, ya eran unos pontevedreses más. A su marcha, la emoción se hizo presente, tanto en la compañía como en los habitantes de la Boa Vila. Asociación de ideas Por asociación de ideas, estos recuerdos acudieron a nuestra mente con motivo de la representación teatral auspiciada por Caixanova El túnel, dado que su autor (Ernesto Sábato), su director y responsable del diseño de escenografía (Daniel Veronese) y su protagonista (Héctor Alterio), son argentinos y aún tenemos nuestras dudas respecto al adaptador de la obra y ayudante de dirección (Diego Curatella). Todo ello suena, con toda propiedad, a teatro argentino. La inquietante personalidad literaria de Ernesto Sábato se hizo presente en su novela El túnel, datada en 1948, donde el protagonista va narrando una historia de amor y muerte en la que, en el filo de la locura, mata a la mujer de su vida que a su vez era la única tabla de salvación que poseía. Dada la estructura de la obra, la adaptación de la novela para teatro bien pudo realizarse para un monólogo, así el lucimiento del protagonista hubiera sido total. Héctor Alterio, actor como la copa de un pino, nos hizo recordar a nuestro Adolfo Marsillach, pese a su inflexión de voz que, por momentos, resultó inaudible. Cuando no se emplea amplificación, no es aconsejable hablar en un susurro casi constantemente. En este caso, el teatro de palabras queda reducido a la dinámica de sus actores, a la plástica escénica; sin embargo, la importancia radica en la palabra. Y si a esto unimos la falta de ritmo y lentitud, la obra resulta algo tediosa pese a la calidad de la misma. El gran actor argentino, Héctor Alterio en el papel del pintor Juan Pablo Castel, pecó en el empleo de la voz en tono místico; por lo demás, mostró una gran personalidad sobre las tablas. Los restantes compañeros de reparto: Rosa Manteiga, como María Iribarne; Paco Casares, en el doblete Allende/Hunter y Pilar Bayona, también en el doble rol de criada y Mimí Allende, realizaron una aséptica interpretación. A la salida de El túnel, nos hemos quedado con un interesante relato que busca la luz de la verdad.