Reportaje | Atentado contra el patrimonio grovense Con muchos años a sus espaldas, el «Cachopeiro» era el batel insignia del Club Mecos. Amparados por la noche, unos desconocidos destrozaron el barco a ladrillazo limpio
08 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.«Souberon dar onde máis dano facían». El grovense José Manuel Outeda pronuncia esta frase casi arrastrando las palabras, como si le pesasen. Y es que le pesan. Al presidente del Club de Remo Mecos -como a la mayoría de los socios- le acaban de romper el corazón. El Cachopeiro, el batel insignia de la entidad, ha sido hundido en tierra. Aprovechando que la embarcación pasaba las noches al raso, a la espera de ser pintada, unos desconocidos decidieron convertirla, el domingo de madrugada, en la diana de un estúpido concurso de lanzamiento de ladrillos. Los responsables del club descubrieron ayer por la mañana su embarcación herida. Un enorme boquete en la popa y agujeros por todo el cuerpo de la embarcación hace casi imposible que el Cachopeiro pueda ser reconstruido. Aunque, dice Outeda tras poner la correspondiente denuncia en el cuartel de la Guardia Civil, «ímolo intentar». Y es que los Mecos saben que la vieja embarcación es mucho más que un recuerdo del pasado. El batel, con casi veinte años a sus espaldas, fue uno de los primeros con los que contó una entidad deportiva que ha logrado hacerse un hueco entre los grandes del remo a base de sudor y trabajo. De hecho, recuerda Outeda, fue bautizado con el nombre del fundador del club, Moncho Cachopeiro. El Cachopeiro, en cualquier caso, tiene más valor que el puramente sentimental. «Bateis coma este xa non se fan», asegura el presidente de Mecos. «Agora todo é fibra, e este é todo de madeira... Un dos poucos bateis artesanales que quedan en Galicia», explica. Hace años, unos vascos quisieron comprar la embarcación «para levala para alá, a un museo». Pero los Mecos les dieron calabazas. «Para nós é un tesouro. Tiñámolo en exposición, e de cando en vez sacabámolo ao mar para demostrarlle á xente nova como eran os bateis de antes», sentencia Outeda. Pero ninguna de esas virtudes salvó al Cachopeiro del ataque de los bárbaros. Junto al batel se encontraban, la noche de autos, otras piezas propiedad del club Mecos. Sin embargo, todas quedaron intactas. «Está claro que ían a polo sentimental», sentencia Outeda, refiriéndose a los vándalos a los que ahora busca la Guardia Civil.