Reportaje | Viernes gastronómicos en Sanxenxo Ensaladilla deconstruida, chupitos de huevo de codorniz o queso flambeado son algunos de los pinchos que se pueden degustar en el restaurante Fidel. Sólo se paga el vino; la comida la ponen ellos
03 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Fidel y Diego Bouzada dirigen desde hace unos meses las noches de los viernes en el restaurante familiar que se encuentra sobre la playa de A Panadeira, en Saxenxo. Ambos han dado un giro completo a esta casa convencional de comidas para ofrecer cada quince días unas jornadas gastronómicas donde los reyes son la tapa y el vino. El repertorio gastronómico varía en cada cita, en una suerte de noche temática. Si el viernes pasado fue la velada de los vinos tintos, en esta ocasión le tocó el turno a los blancos. Los alimentos que acompañan se deciden a partir de los caldos. La propuesta incluye, además, una sugerente fórmula. El cliente compra el vino y las tapas las pone el establecimiento. Las botellas rondan aproximadamente los diez euros. Albariño, Ribeiro, Godello, Monterrey y Chardoné fueron los vinos elegidos. «Es una manera de que la gente pruebe nuevos caldos y de que también nos vayan diciendo qué tapas les gustan más, para incluirlas en la carta», explica Fidel Bouzada, una de las cabezas pensantes del establecimiento. La idea surgió con la intención de animar los fines de semana de invierno de Sanxenxo y acercar nuevos sabores a los paladares de sus vecinos. «Al principio se nos ocurrió proponerle al Ayuntamiento hacer un concurso de tapas entre varios bares, pero no prosperó, así que decidimos empezar nosotros solos», cuenta Diego Bouzada, el encargado de una cocina en la que no sólo hay fogones. Aquí se cocina con instrumentos tan innovadores como el nitrógeno o un pequeño soplete. Lentejas fritas, ensaladilla deconstruida, chupito de huevo de codorniz con patatas y chorizo o queso de cabra flambeado con tomate caramelizado son algunos de los innovadores pinchos, que se unen a versiones modernizadas de platos tan tradicionales como los huevos rotos con pan de maíz. Dar de comer a Labordeta Las tapas que se sirven en el restaurante Fidel esconden detrás la gran pasión por la cocina de quien las prepara. Diego Bouzada marchó con tan solo 13 años a Santiago para estudiar hostelería. A los 18 cogió su mochila y se dedicó a viajar por toda España, trabajando de restaurante en restaurante. Andorra, las islas Canarias y Baleares y Granada son algunos de los sitios por los que pasó. «Cuando veía el programa de Labordeta, siempre entraba en las casas de la gente en los distintos pueblos que recorría y le invitaban a comer. Yo no quería ser Labordeta, quería ser esa gente que le daba de comer, cada vez una cosa distinta, según en qué lugar estuviera», relata el joven cocinero.