Praza da Ferrería Un centenar de pontevedreses asistieron al homenaje a Manuel Durán Couto. Muchos más admiraron los vehículos antiguos en A Ferrería
20 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.El empresario local Manuel Durán Couto paso a engrosar ayer el listado de pontevedreses homenajeados por la Peña de la Boina. El colectivo, que nació como un grupo de amigos y se ha convertido en una asociación con peso específico en la ciudad, celebró su xuntanza anual en la Finca Batacos, del restaurante Mochi, e incorporó al ex presidente de la Cámara de Comercio a sus miembros. Como suele ser norma en la Peña de la Boina, el acto no faltó ni buena comida ni buena bebida ni, sobre todo, un gran ambiente de camaradería entre los asistentes. Donde tampoco faltaron buenas vibraciones fue el Casino Mercantil e Industrial, que ayer celebró su Día del Socio con diversos actos. El más emotivo fue la imposición de la insignia de oro de la entidad a varios de sus miembros más antiguos. Los merecedores de tal distinción fueron Leonardo López Redondo, Gonzalo Arís Leiro, José Manuel Berea Rodríguez, Manuel Paz Sánchez, José María Ureta Rodríguez, José Carlos García Silva y José Ferrín Fontenla. Todos ellos llevan más de cuarenta años siendo fieles a una de las sociedades recreativas de la ciudad. Muy cerca de la sede del Mercantil, en el entorno de la plaza de A Ferrería de A Peregrina, se dieron cita muchos pontevedreses para admirar la belleza de los coches de época que participaban en la octava edición del ralli de invierno Casino de La Toja, que ayer hizo una parada en la ciudad de Pontevedra. Un centenar de coches estaban inscritos en la prueba, que reúne vehículos de todo tipo, en perfecto estado de conservación, como prueba el hecho de que en la jornada de ayer recorrieran cerca de doscientos kilómetros por las carreteras de la provincia. Volvo de 1944 El vehículo más antiguo de los participantes era un Volvo PV-444 de 1944, con Joaquim Abreu como conductor y José Antonio Santos como copiloto. Del resto destacaban sobre todos coches construidos en los años sesenta y setenta. Uno de los organizadores, Alfredo Bárcena, definió la prueba como «un museo rodante sobre cuatro ruedas».