«No hay más kebab en Galicia porque aquí se pide marisco»

Alba R. Santos PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

En dos minutos | Badrul Alam Bangladesh fue el punto de partida. Desde entonces, la vida no ha dejado de sorprender a este trotamundos

19 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuentan que en Bangladesh los terremotos se producen porque cuatro elefantes sostienen el mundo desde el interior de la tierra. Las leyendas son la explicación a la que recurren para hablar de los ciclones e inundaciones que se tragan a sus gentes varias veces por año. Batallas y cuentos con los que Badrul Alam habla del vaivén en el que ha convertido su vida, a medio camino entre España, India, Japón y ninguna parte. Nació en Bangladesh hace menos de tres décadas y, desde entonces, la vida no ha dejado de llevarle sin rumbo fijo. Hace tres meses aterrizó en la barra de un céntrico bar de la ciudad en el que, a pesar de todo, sigue haciendo planes. Con los ojos profundos y firmes, habla de su vida como si fuera un pasado lleno de secretos. «Hace un año y medio que llegué a Pontevedra porque mi familia está aquí -dice a medio camino entre el inglés y el español-, por eso dejé mi país para estar con mis padres y hermanos». La familia de Badrul ha probado suerte abriendo restaurantes en distintos puntos de Galicia, (unos con más éxito que otros). Su última inversión es el Desh Donep Kebab, en pleno centro histórico. «Tuve un restaurante indio, un kebab... pero en Galicia es difícil que los locales de comida extranjera funcionen porque todos aquí quieren comer marisco, por eso muchos tenemos que cerrar». Badrul Alam piensa que España está llena de oportunidades para él, pero no se plantea el futuro por si los planes se tuercen a medio camino. Estudiante de japonés y periodista de vocación, dedicó los últimos años de su vida a trabajar en prensa y en la cadena televisiva ATN Bangle. Después, lo dejó todo para practicar sus estudios en Japón y llegó a Galicia. En la terraza trabaja desde las cinco de la tarde seis días a la semana. Badrul se mueve ágil entre las mesas sabiendo las palabras justas para decir todo lo que necesita en español. La hora de cierre no está definida: «A veces la gente se levanta de las mesas a la una, otros hablan hasta más de las cuatro de la madrugada». Mientras, repasa historias de cuatro palabras con sus compañeros, también extranjeros de Camerún y Ecuador. Una forma más de ganarse la vida que cambia los planes que traían de antemano: dirigir su propio negocio. Al final, está claro, toda la culpa la tiene el marisco.