Reportaje | Jornada de puertas abiertas en la Telleira de Vilalonga Fue uno de los motores económicos de O Salnés a principios del siglo pasado. Una muestra recuerda el arte de elaborar tejas en una de las pocas construcciones de este tipo que aún queda pie
08 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El banco, la era, las carretillas, los mazos y cuchillos volvieron de nuevo a la Telleira de Vilalonga, tras pasar décadas expulsados de los muros y la finca de la fábrica de tejas. Una exposición ha recuperado estos instrumentos, utilizados en la elaboración de cerámica, para rendir a un homenaje a un oficio artesanal que a principios de siglo fue un importante motor económico en la comarca do Salnés, debido a lo arcilloso de sus suelos. Las antiguas fábricas de tejas se convirtieron después en factorías de cerámica hasta los años 50, en que cayeron en desuso. El historiador Juan Martínez Tamuxe, apasionado experto de este arte, tiene documentadas 80 telleiras que funcionaban en la ría de Arousa en la primera mitad del siglo XX. Hoy, tan sólo quedan detalles y vestigios de ocho de ellas. Una de las que estaban mejor conservadas es la Telleira de Vilalonga, que ahora reluce con su actual restauración. Con la muestra que se inauguró este viernes, y que estará abierta hasta el día de hoy, el Concello de Sanxenxo quiere celebrar también la inauguración de este espacio recuperado que será destinado pronto a otros usos. Tras ser una fábrica de teja y pasar después a elaborar cerámica, el último destino de esta construcción será el convertirse en un centro de interpretación ecológica y de observación de aves, además de una zona de esparcimiento para los vecinos de Noalla y Vilalonga. Muchos de ellos jamás habían acudido al entorno de la factoría, y lo hicieron por primera vez el viernes, día de estreno de estas jornadas de puertas abiertas. Más de mil personas, según estimaciones del gobierno local, acudieron a la fiesta que el Concello organizó ese día. Una celebración que incluyó degustación de productos típicos, música y hasta fuegos artificiales. La cuadrilla En el exterior del edificio, unos artesanos venidos del Concello de O Rosal, elaboraban las tejas a la manera tradicional frente a todos los asistentes. Dentro, en la exposición, Juan Martínez Tamuxe explicaba con palabras lo que vieron con sus propios ojos en el exterior. El banco es el elemento fundamental en la fabricación de tejas. Allí es donde el maestro corta la arcilla y le da forma. El tendedor, -normalmente era el aprendiz de la cuadrilla- llevaba las piezas aún frescas al exterior, a la era, donde se dejaban secar al sol. De allí el material así tratado pasaba después hacia el horno, con capacidad para 30.000 tejas. Pero antes de todo esto aún quedaban muchos otros pasos por dar. Tras la extracción de la arcilla, la tierra era removida en una gran pila para que se soltara y se eliminaran impurezas. Éste era el oficio que desempeñaba el pieiro, que junto a un caballo pisaba el material para que adoptara las condiciones apropiadas. El carretilleiro lo conducía después al interior, y lo depositaba junto al banco -o potro- del telleiro. Pese a que este arte está ya prácticamente extinguido, aún podemos disfrutar de sus vestigios. Como las tejas de tres siglos de antigüedad que se incluyen en esta muestra o el propio edificio. Incluso los agujeros excavados para coger la arcilla, ahora inundados por el agua, sirven ahora de reserva para miles de aves. Gracias a ellos a la telleira de Vilalonga le quedan aún muchos años de vida.