Raíces que se echan fuera

La Voz

PONTEVEDRA

REPORTAJE GRÁFICO: CAPOTILLO

Praza da Ferrería Los artistas de la Bienal ultiman estos días el montaje de las instalaciones de «Off-Fóra», la exposición que tiene como hilo central el tema de los movimientos migratorios

07 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

En el año 1990, el entonces alcalde José Rivas Fontán firmó un «acta de hermanamiento y asistencia recíproca» entre la ciudad de Pontevedra y la Pontevedra bonaerense, una de las localidades que pertenecen al partido de Merlo. El acuerdo implicaba, entre otras cosas, la posibilidad de realizar intercambios de artistas, exposiciones u «otras demostraciones de artesanía popular», así como investigaciones y concursos literarios conjuntos o la financiación de becas para propiciar este lazo cultural. Incluso hablaba de torneos deportivos entre las dos ciudades. Pues bien, han tenido que pasar dieciséis años para que alguien dé sentido a la citada acta. Se trata de Patricio Lerrambebere, un artista argentino que participa este año en la Bienal. Concretamente, su obra, titulada con el enunciado del acta, es la que dará la bienvenida a los visitantes en la sala de exposiciones del Pazo da Cultura a partir del día 13. Patricio plasma en su montaje las propuestas de cinco artistas imaginarios de cinco distintos estilos (un pintor, un dibujante, un artista multimedia, una creadora dedicada al vídeo y otra a la pintura e instalaciones) que supuestamente vienen a la bienal y trabajan con las imágenes locales de la Pontevedra de Merlo. «Todos muestran zonas del lugar, por ejemplo el pintor figurativo ofrece cuadros de las instituciones de Pontevedra, la biblioteca, la escuela secundaria....». Cada uno de esos artistas tiene además su propia historia, como uno que basó su trabajo en un personaje gaucho de finales del siglo XIX. «Fue a domar potros para la Reina Victoria Eugenia y acabó conociendo a Búffalo Bill, con el que trabajó en Estados Unidos», añade el artista, quien por cierto está utilizando como pintura de parte de su obra el llamado Fluido Manchester, un desinfectante que «aleja las moscas y los malos olores» y que se utiliza en Merlo a falta de un sistema de saneamiento. Como Lerrambebere, los artistas que este año participan en la Bienal (del Cono Sur y de Galicia) ultiman estos días el montaje de sus obras antes de la inauguración de la exposición, que este año tiene como tema central la emigración. La sala del Pazo es estos días un hervidero de herramientas, pruebas de vídeo y de idas y venidas para que todo esté a punto el día 13. Quien ya tiene montada su obra es Aili Chen, una creadora taiwanesa afincada en Argentina. Niñas, compuesta de una decena de esculturas de cerámica en diversas poses junto al símbolo central de la sala de exposiciones, evoca las sensaciones que en la infancia puede provocar la emigración, algo que la artista vivió en carne propia. Chen destaca la oportunidad que le ha dado la Bienal y, más concretamente su comisaria, Victoria Noorthoorn, para vivir en España dos meses y realizar sus esculturas en el taller de Jesús Castañón en Gijón. «La emigración hace que un niño madure precipitadamente, le quitas los amigos, el barrio, de repente está en un lugar extraño -dice-. Jesús cuando vio las obras me dijo: debe ser increíblemente duro. Es una reflexión bonita de la que yo no me di cuenta al principio». Símbolo de la emigración, especialmente la gallega, es el barco. Este es el punto de partida del que se sirve el nigranés Diego Santomé, en su vídeo La nave. Rodado durante un crucero por el Mediterráneo, Santomé muestra el contraste entre la tripulación (todos emigrantes) y los viajeros (españoles, portugueses, italianos, antaño emigrantes) en un universo donde no hay salida. «Sentí en ese viaje cómo perdemos la memoria -indicó el artista- rápidamente. Todos los que disfrutábamos en ese barco éramos como nuevos ricos. Y era patético ver las cosas alucinantes que podían hacer y que no harían jamás en sus casas». La diáspora también es el título de la obra del argentino Sebastián Gordín, que recurre al fútbol como símbolo de una generación de jugadores (todos ellos con variaciones de su apellido) «que se dispersó por el mundo». Además de dibujos de estos jugadores, presenta un vídeo sobre las desventuras de un portero en un partido, y en el que refleja que cualquier palabra elegida al azar tiene correspondencia con un gol. Su trabajo fue rodado con la colaboración del Pontevedra CF en la Ciudad Príncipe Felipe y con los canteranos granates. Y seguro que a los pontevedreses les sonará el título de otra de las obras, Gualeguaychú, del uruguayo Marco Maggi, que ha dispersado sobre el suelo del Pazo 150.000 hojas de papel cortadas con bisturí como homenaje «a un material obsoleto». «La obra es un test, a ver cómo acaba», señala, después de explicar que ha realizado esta instalación en quince ciudades «con resultados muy distintos». De forma paralela a la Bienal, el edificio Sarmiento del Museo acogerá este verano la exposición de los Novos Valores gallegos. La Diputación dio ayer a conocer a los becados este año en el certamen, que recibirán 6.000 euros para completar su formación. Este año fueron premiados tres audiovisuales (de Ernesto González Tortorelo, Jorge Martínez Huergo y Rita Rodríguez García), una escultura (de Oliver Añón Lema) y una fotografía (de Víctor García Ulla).