Un océano para la soledad

La Voz

PONTEVEDRA

Praza da Ferrería Jesús Leiro cruzó el año pasado el Atlántico. Iba solo en su velero, y hubo momentos en los que se arrepintió de su osadía. Ha decidido «recuncar»: cruza, de nuevo, el gran mar

02 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Jesús Leiro pasó las navidades en su casa de Portonovo. Luego cogió un avión y volvió a Chile. Allí había dejado a su velero, el Finesse: un pura sangre del mar en el que había cruzado el Atlántico navegando entre tornados y huracanes. De vuelta en Chile, Leiro se vistió de capitán solitario y puso rumbo a Galicia. Cruzó el canal de Panamá y llegó a Cuba. Allí paró, en Santiago, y se tomó unos días de respiro y mentalización. Luego se dirigió a Las Bahamas. Ante él se extendía un gran mar y una gran soledad. Cruzarlo le llevará, calcula Leiro, unos 26 días. Después de esa odisea, llegar a Sanxenxo desde el archipiélago luso parece pan comido. Antes de partir «Hoy me encuentro un poco nervioso y con algún miedo dentro del cuerpo», contaba Leiro el lunes, el mismo día en que se embarcaba. «Pero una vez en el mar me relajo y asumo el riesgo», proseguía. Y los riesgos son muchos, basta con seguir su discurso: «Me quedan por delante 2.600 millas náuticas de navegación en solitario». Un camino en el que tendrá que hacer frente a muchos enemigos. Jesús Leiro tiene claras cuáles son sus mayores enemigos. El primero, el calor. En el viaje de ida, buena parte de los alimentos con los que había llenado su despensa se echaron a perder a causa de las elevadas temperaturas. Esta vez no pagará el precio del novato: «Me he abastecido de víveres que resisten los 39 grados que hace por aquí estos días». Otro enemigo difícil de batir son los mosquitos. «Me acribillaron el cuerpo y no hay manera de hacerles frente», sentencia el aventurero de Portonovo. «En la cabina tengo redes mosquiteras, pero cuando bajo a tierra me atacan a todo el cuerpo». Para navegar hace falta tener la cabeza fría y la capacidad para aprovechar las oportunidades que brinda el clima. Por eso, Jesús Leiro tenía claro, al menos sobre el papel, cómo haría para salir del Caribe. «La salida de estas islas la haré acercándome a una borrasca para aprovechar el viento que sopla con mucha fuerza por Miami, y procuraré poner rumbo Este, con 90 grados, para lograr adelantarme al viento. Y con mucho cuidado para que no me alcance la baja presión», explica el navegante. En su viaje de ida se topó con varios tornados y huracanes. La experiencia, asegura, no es de esas que se desean repetir. Cruzar el Atlántico es, sin duda, la parte más difícil del viaje al que se ha enfrentado Jesús Leiro y que acabará, a mediados de junio, en Portonovo. Pero la segunda parte de la aventura emprendida por este hombre arrancó el día 15 de enero. Ese día salió del puerto de Puertomontt con destino a Valparaiso. Debía ser un viaje corto, pero «en el canal Chacal encontré una corriente muy fuerte que me arrastraba hacia la costa y tuve que ayudarle a las velas con el motor para lograr avanzar». Luego, su camino lo llevó por Viña del Mar. Y a Callao, en Perú, donde pasó unos días con una rama de su familia que echó raíces allí. «Desde Perú llegué a Ecuador, al puerto pesquero de Esmeraldas, que se encuentra cerca de Colombia. Desde allí puso rumbo directo al canal de Panamá, a donde llegué el 13 de marzo». Fondeó en el puerto de Balboa, esperando el turno para cruzar hasta el Atlántico. Un turno que tardó 26 días en llegar, y que finalmente llegó. El 8 de abril, Suso y el Finesse invirtieron nueve horas en cruzar el canal y desembocar en el gran mar que separa América de Europa. Si se cumplen las previsiones de Jesús Leiro, pisará el puerto de Portonovo a mediados del mes de junio. Será su gran vuelta a casa después de su gran aventura marinera y solitaria. Una aventura de la que, en el fondo, no se arrepentirá nunca.