En directo | Camino a la igualdad
07 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?l encargado de la obra en la que trabaja María Soledad Bernárdez Falcón, en la calle Riestra, lo tiene claro: «Yo sólo trabajaría con mujeres, son mucho más responsables». Él mismo reconoce que algunas personas, cuando ven a Soledad subida a la retroexcavadora, dicen: «¡una mujer en la máquina!». «Y yo les digo, mírala trabajar», añade. Con 42 años, Bernárdez lleva dos en la empresa para la que trabaja. Había estado empleada con anterioridad en la construcción, pero el destino le llevó a Lanzarote para trabajar en hostelería. La enfermedad de su marido le obligó a regresar y buscarse de nuevo la vida. Logró empleo volviendo a manejar, como ella dice, la máquina, «porque aquí otra cosa....». ¿Alguna mala experiencia laboral por ser mujer? «Hombre, sabes que en las obras siempre encuentras algún que otro machista, pero bueno... Dicen, es que las mujeres deberían estar en su casa», comenta. Pero eso sí, en su trabajo se siente totalmente respetada. «Estoy muy cómoda, aunque siempre hay algún envidioso por medio, ja, ja -añade-. La gente de la calle sí se para más a mirar cuando te ven ahí subida y sólo por ser mujer». Donde no hay distinción es en las críticas que se ven obligados a oír los operarios por las nuevas obras urbanas y el caos de tráfico: «¡ayer nos llamaron gilipollas!». Para Soledad, más complicado que manejar la retroexcavadora -«no tiene dificultad ninguna»- es el adaptarse a los nuevos compañeros de cada obra. «Ahora estoy con portugueses, por ejemplo, y los primeros días cuesta, pero luego ya bien». De su sector, confiesa que «debería mejorar un poco; ponlo ahí».