Crónica | Lalín estrecha lazos de hermandad con Escaldes-Engordany Alrededor de 350 personas degustaron ayer el emblemático plato en el pabellón Prat Gran de Escaldes, tras inaugurarse la Plaza de Lalín en la localidad andorrana
05 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Andorra se despertó ayer con una fría mañana en la que los termómetros se quedaban congelados, negándose apenas a sobrepasar los 0 grados, mientras una leve y tímida nieve intentaba en vano recrear en el centro urbano de Escaldes-Engordany un paisaje que mostraba, al fondo, los blancos Pirineos. Era el escenario idóneo que requiere un plato rico en sabor y rico en calorías como es el cocido de Lalín. La colectividad gallega en Andorra, unas 700 personas entre las que se incluyen doscientos lalinenses -on fuerte presencia de Vilatuxe-, lo sabían: de manera que hacia las dos de la tarde comenzaban a llenar el pabellón Prat Gran. La organización esperaba unos 300 comensales, y trabajó con rapidez para dar acomodo a las 350 personas que disfrutaron el cocido preparado por José Luis Iglesias, Cabanas. Con los camareros en formación frente al escenario, al son de la música de Ardentía, el público rompía en aplausos y se disponía a dar cuenta de las bandejas repletas de los 325 kilos de carne traídos expresamente desde Lalín, que incluía ayer a Andorra en su currículo de Cocidos en el Exterior, que ya tuvo paradas en Buenos Aires, Caracas o Maspalomas. La nota musical también la puso durante la comida el grupo local El Esbart Santa Ana. Crespo agradeció al colectivo Fillos de Lalín en Andorra, que preside Paz Fernández, la organización del evento, así como al Ayuntamiento de Escaldes y a Caixanova, patrocinadora, en el que participaron José Manuel Guillán, director de Mercados Exteriores de Europa de Caixanova y Javier Puertas, director comarcal en Deza y Tabeirós. También estuvo la ex alcaldesa de Escaldes, Lidia Magallón, ex jefe de Gobierno de Andorra, Marc Forné, pregonero el pasado año del Cocido, que acudió con su capa de comendador para cumplir su juramento de degustar, al menos una vez al año, el plato lalinense. Un ágape que culminó con la tradicional queimada, que contó con muchos seguidores y cuya taza se pudieron llevar de recuerdo, y un pin del Testiño. Como preámbulo, los alcaldes de Lalín y Escaldes inauguraban la Plaça de Lalín en el centro de localidad andorrana, acto al que además de varios miembros de ambas corporaciones asistió la ministra de Juventud y Vivienda de Andorra, Meritxell Mateu. Allí se sitúan el monolito y el cruceiro donados por la capital dezana en mayo del 2004, tras el hermanamiento de ambos municipios. Una plaza que se convierte en un reconocimiento de Escaldes a la emigración gallega, ya que el alcalde Antoni Martí subrayó la contribución de los trabajadores que llegan a Andorra para su desarrollo. Tanto Crespo como Martí destacaron que, más allá de estos símbolos, «un monumento a galeguidade e un recoñecemento a toda a emigración galega» según el regidor lalinense, importan las actividades que se desarrollan en este marco. Iniciativas como el viaje de 21 alumnos del instituto Aller Ulloa a Escaldes, donde iniciaban ayer una estancia de una semana con la nieve como protagonista, en la estación invernal de La Rabassa. A lo largo de este año, jóvenes de Escaldes devolverán la visita, una de las primeras actividades del que Xosé Crespo calificó ya como el hermanamiento más fructífero de Lalín.