Teatro de primera, pésima audición

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

Comentario | «Solas», de Benito Zambrano

18 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Caixanova ha recuperado el pulso de su programación cultural con la representación de Solas, de Benito Zambrano, puesta en escena por el Centro Andaluz de Teatro, bajo la dirección de José Carlos Plaza. En su adaptación para teatro del guión cinematográfico de Solas, Antonio Onetti no desvirtúa la trama narrativa de la película. En las grandes ciudades, los seres humanos luchan por ocultar sus debilidades para no ser aplastados por la insensibilidad colectiva. Esconden sus sentimientos, cual tortugas en sus conchas, tratando de sobrevivir. Sin embargo, tienen sus sentimientos, problemas, puntos flacos, sus dramas personales... que afloran en privado. Un panorama muy negro de la vida en la gran ciudad. Un melodrama folletinesco cargando tintas en las relaciones personales. Entre lo poco y mal que hemos podido escuchar, señalamos frases como: «Un niño no es un error», dice María, la joven protagonista, a la que responde el despótico y chulesco camionero: «No. El error es tener una madre como tu». Otra frase: «Uno no está derrotado. Está derrotado cuando admite la derrota». Sin embargo, en el desenlace de la obra se vislumbra una luz: Aparece el resplandor de la esperanza. Un buen elenco integrado por diez actores dio vida a la obra de Zambrano. Encabezando el mismo: Lola Herrera, de dulce dicción y gran vena dramática, en el papel de Rosa, la madre (una gran actriz que recordamos con admiración por su gran interpretación del monólogo Cinco horas con Mario); Natalia Dicenta, en el rol de María, la hija y Carlos Álvarez-Nóvoa, en el papel de el vecino; a los que secundaron: Idilio Cardoso, Aníbal Soto, Eduardo Velasco, Chema Del Barco, Marga Martínez, Marina Hernández y Darío Galo. En la representación, aparte de la magnífica consecución de dos o más escenas simultáneas en distintos lugares con inclusión de la adecuada luminotecnia, destaquemos la calidad de la obra, excelente interpretación de sus principales actores, buena dirección, notable realización y la mala audición. (¡Es posible que a estas alturas se desconozca la importancia de los micrófonos inalámbricos! ¿Qué tiene mayor relevancia, escuchar con nitidez los interesantes diálogos o el arranque del motor de un camión u otros efectos sonoros?) Según el sentir generalizado de los asistentes, este hecho ha desmerecido la representación. Una auténtica pena. ¡Con lo costoso que resulta un montaje de estas características y sin micrófonos inalámbricos! Pensábamos no tener que incidir nunca más en esta lamentable circunstancia.