Diosiño y su Satánica Majestad

La Voz

PONTEVEDRA

Praza da Ferrería Fundó la orquesta Florida y en Suecia compartió escenario con Mick Jagger y los Stones. El sábado recibirá un homenaje de la Peña da Boina

18 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Luis César Dios Rodríguez es su nombre, pero toda Pontevedra le conoce como Diosiño, diminutivo cariñoso heredado de su padre. El sábado recibirá un homenaje de la Peña da Boina por su compromiso con los demás. Músico de profesión y vocación -«desgraciado del que tiene un trabajo que no le gusta, porque debe ser horrible», dice-, el 1 de noviembre cumplirá 80 años, y todavía disfruta con la música y continúa participando en cuantos festivales benéficos le proponen. Él busca a algunos amigos y allá se presenta en donde lo soliciten. Aprendizaje La pasión musical le viene de familia. Su padre era profesor de música y tenía sus alumnos en la casa familiar, junto a la gasolinera del Burgo. «Yo empecé -recuerda- tocando con mi padre la batería a los 8 años. Dos hermanos tocaban el violín y otro, que además cantaba muy bien, el acordeón». Luego aprendió solfeo con Juan Serrano, «un profesor maravilloso que hubo en Pontevedra, en la calle Real», y posteriormente, acordeón con Agustín Estévez, además de piano con Avelina Villas. «Soy polifacético, no toco más porque tengo mucha edad», comenta riendo. A los 14 años comienza a actuar en Portonovo con su acordeón y a los 16, funda la orquesta Florida, emblemática agrupación pontevedresa que aún perdura. «Sigue funcionando y por cierto muy bien». Recuerda perfectamente los iniciales integrantes: «Juan Castiñeiras, Aurelio Rial, Rubén Albar, Manuel Vilas, Luis Medal y yo. Eramos muy jóvenes, los demás tendrían entre 18 y 20 años, y poco a poco se fue ampliando y llegamos a ser quince, las cuerdas completas». En el grupo que fundó pasó unos veinte años. Salto internacional Dejó Florida porque se fue a Madrid y allí pasó a integrarse en un grupo llamado Blues de España -Azules de España-, en el que ya estaban algunos músicos que habían tocado en Florida. «Eran cinco -comenta-. Enrique Andrés, Luis Gómez y Ricardo Rey, que habían estado conmigo, y el batería Toni y Paredes». En Madrid le salió un contrato para Suecia y luego para el resto de los países escandinavos. «Estuvimos mucho tiempo. Cuando cumplí 40 años estaba en la Laponia finlandesa». De ahí tiene imborrables recuerdos unidos a ciudades como Copenague, Helsinki, Oslo o Goteborg. Cuenta con orgullo el éxito del grupo. «Estábamos en la élite, actuábamos en los mejores lugares y compartíamos escenarios con gente como los Rolling Stones, las Peter Sister, Golden Gate Quartet o la bailarina Pacita Tomás. Nos codeábamos con lo mejorcito». Con los Blues de España permaneció cinco años y luego regresó a Pontevedra y abandonó la música como profesional. De vuelta a su ciudad, se dedicó a los negocios, montando una bombonería en la calle García Camba a la que por cierto, le puso el nombre de su orquesta, Florida. Y participa en festivales de tipo benéfico con algunos amigos, como Enrique Andrés, Poceiro, Antonio Moldes.... son Diosiño y sus muchachos. Además, le nombraron agente general de Iberia y Aviaco, «el único de España», subraya. Este cargo posibilitó que llevara a algunos de sus amigos músicos a actuaciones en sudamérica, ya de forma no profesional. Cruzaron el charco varias veces y actuaron en Buenos Aires, en Brasil y en Uruguay. invitados por los centros gallegos o españoles. De Buenos Aires se trajó un acordeón de regalo «una verdadera joya, pequeñito, hecho en chapa, con incrustaciones de nácar y la foto de la persona que lo hizo, un italiano afincado en Rosario que se apellida Machío». En una de esas giras, en la que también participó el desaparecido humorisa Francisco Calvo, Xan Canicas, otro personaje muy popular en Pontevedra, se dedicaron a hacer festivales, vender rifas y a actuar en televisión y con el dinero logrado, consiguieron comprar la sede de lo que era el centro pontevedrés en la ciudad uruguaya, que «no valía mucho, pero estaba en una zona muy céntrica, la Valleja», recuerda. «Luego lo vendieron por muchísimo dinero y han hecho otra en las afueras que es ejemplar», dice con orgullo y sin olvidar la labor de su mujer, Rosita, que «trabajó mucho en la venta de bonos y en todo lo que pudo».