Análisis
26 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?esasosiego. Economistas, empresarios, sindicalistas, jueces, abogados y, en fin, todos los ciudadanos están hartos de tanto estudio y tanto plan estratégico. Desencanto. Una estrategia es un proyecto para hacer algo, para llegar a algún sitio: en Vigo es un fin en sí mismo. Un plan es un éxito de cajón. Luego viene otro plan. Han llegado a realizarse exposiciones multitudinarias, como la dedicada al Plan Palacios, para mostrar que nunca se hace lo que se proyecta. Liderazgo. Los estrategas están para diseñar los proyectos de desarrollo que demanden los ejecutivos de la ciudad. ¿Quién manda aquí? Podría parecer que a veces unos y a veces otras. La verdad es que Vigo no tiene jefe, ni siquiera un conjunto de mandamases que dirijan la ciudad. Es obvio que el alcalde/esa de Vigo siempre ha tenido menos poder que el director de una orquesta de grillos. Pero ni siquiera sería importante un bajo perfil de poder local si al menos el Ayuntamiento tuviese fuerza fuera de la ciudad. En realidad ese es el verdadero poder, la capacidad de influir fuera de Vigo, donde ministerios, consellerías y empresas toman las decisiones. Claro que para mandar fuera, hay que ser fuerte en casa. Dos ejemplos. Estar sin proyecto de AVE a estas alturas de la película nos deja fuera de juego frente a 27 ciudades españolas (y somos la 14ª en población). Montar dos juzgados de lo Mercantil en Pontevedra es una demostración tan palpable de la impotencia de Vigo que deberían arder planes estratégicos, todos apilados en el furgón de cola de ese cascajo que llaman tren Vigo-Oporto. Bueno, en realidad sólo tiene dos vagones. Futuro. El martes llegan más gurús a Vigo. Mejor, habrá más planes para la pila. De tanto reflexionar, empezamos a ser la ciudad chollo para los vendedores de ideas.