Entrevista | Javier Veiga El cómico reflexionará el 6 de agosto sobre algunos de los temas que preocupan a la sociedad y promete que tanto él como el espectador se van a divertir
28 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El próximo 6 de agosto, Javier Veiga será el encargado de poner el broche de oro a la Feira do humor de Pontevedra. Tras unos primeros intentos, pronto uno comprende que es imposible no tutearle. -¿Qué le parece que se dedique un festival específico al humor? -Está muy bien. Además de mostrar una serie de espectáculos, cualquier tipo de iniciativa que implique el dedicar unos días al humor permite apreciar diferentes tipos de humor. Esto ayuda a que el humor progrese, ya no solo de cara el público sino de cara a los propios profesionales. -Esta edición lleva por lema «Un homenaje a la palabra»... -¡Ah! Pues mira no sabía que ese era el título. Me gusta mucho. De hecho, a veces, doy un curso sobre comedia al que denomino Palabra y comicidad. Me siento identificado. -Su espectáculo es totalmente hablado, pero también el humor puede ser mudo. -Sí. El humor es una mezcla de cosas. Mi espectáculo es de palabra, pero también muy visual. Estoy sobre un escenario en el que no hay más escenografía, ni más trucos escénicos... Al final lo que hacemos los humoristas modernos es aglutinar una serie de corrientes, desde la pantomima hasta el clown, pasando por la farsa o la comedia del arte. Aglutinar todos los géneros puros que hay por ahí perdidos es lo que debe recoger un cómico actual en sus espectáculos. -En «Tonto el que lo lea», ¿qué prometes? -Bueno, prometo pocas cosas. Prometo que me voy a divertir mucho haciéndolo y el público va a hacerlo también. Creo que, al final, el monólogo es un diálogo entre el espectador y el humorista. A mí lo que me gusta de un espectáculo como éste, en el que trabajo solo, es que siempre tengo la sensación de que estoy trabajando con los tiempos, la respuesta y el contacto que te da el espectador. Sobre todo, el tiempo, que es con lo que más se juega cuando se hace comedia. Es el tempo famoso, y te lo da el público. Hay que saber cuando continuar, cuando hacer una pausa, cuando acelerar... -Hablas del espectador, pero que es más difícil, ¿hacer reír en público o hacer reír en privado? -En privado, sin ninguna duda. Hacer reír en público es una cosa profesional y hacerlo en privado se convierte en algo que te genera pudor. Al final, cuando estás en privado y haces algún tipo de broma, pues te sientes juzgado como ''anda mira, el chiste del cómico''. Hay un punto de pudor y te vuelves más introvertido, por eso se dice que los cómicos son unos tíos serios. Creo que originalmente no lo eran pero llega un momento en que es como si se fueran metiendo en un cascarón. Es como si un cocinero llega a tu casa y hace una tortilla. Vas a mirarle y decir ''hostia, la tortilla de Arzak. A ver que coño de tortilla hace éste ahora''.