Lores se tensa en terreno hostil

Martiño Suárez PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

RAMÓN LEIRO

En directo | Trifulca política ante los micrófonos El alcalde de Pontevedra se enfrentó en el acto público de ayer a Pilar Rojo, que había aprovechado la intervención ante los medios para lanzarle puyas

05 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Como ocurre con los futbolistas, cuando los políticos se saltan el guión la cosa puede llegar a la categoría de acontecimiento. Sucedió ayer, en la rueda de prensa en la que la conselleira de Familia, Pilar Rojo, entregó al Concello de Pontevedra y a la Diputación los proyectos del nuevo Pasarón y de A Parda, antes de que el texto pasase por el registro municipal, según el Ayuntamiento. Rojo y el presidente provincial, Rafael Louzán, populares, intentaron trasladar al alcalde, el nacionalista Miguel Fernández Lores, el peso del inicio de las obras, pendiente de la disponibilidad de parcelas; lejos de esconderse bajo el manto del respeto institucional, el regidor capitalino reaccionó alterado, provocando una discusión pública con visos de escabechina. Todo ocurrió en el Centro Galego de Tecnificación, ante la mirada sorprendida de los periodistas y, sobre todo, de los arquitectos responsables de los dos proyectos, que habían hablado de «topografías camufladas», «ambientes lúdicos y juguetones» y «responsabilidad medioambiental» antes de que la cosa se calentase. Cuando llegó la hora de los discursos, Rojo se arrogó la mayor parte de la responsabilidad en la promoción de las dos iniciativas, pidiendo al Concello «axilidade e interese», porque, según dijo, «hai xa un ano que dixo que estarían os terreos». Louzán, que anunció un discurso breve por culpa de su afonía, lanzó también sus puyas: dijo tener dudas en torno a la disponibilidad de los terrenos. «Ao mellor as despexa o alcalde agora», disparó. Lores, que seguía las declaraciones en la misma mesa, aguantó la encerrona entre la cara de póquer, los resoplidos disconformes y el tableteo de su mano contra el reloj de pulsera. Luego, fulminó a Rojo y a Louzán diciendo que sus iniciativas en relación con Pasarón coinciden siempre con campañas electorales, «non sei se por casualidade». «Nin a Deputación nin a Xunta teñen aínda consignada ningunha partida especial», afirmó, asegurando que, sin embargo, el Concello sí lo ha hecho en dos ejercicios, y por un montante de casi dos millones y medio de euros. En cuanto a los terrenos que faltan por conseguir, los que quedan tras la grada de tribuna de Pasarón y que servirán de acceso al campo, dijo que el Concello «para expropiar ten que ter un proxecto. Agora por fin o teño, e xa podo executar». «As cantidades están comprometidas, só falta definir os tramos. Debería dicir o alcalde cales foron as xestións que fixo con Renfe para os terreos da Parda. O noso compromiso era o proxecto, e xa o temos», apuntó Rojo, en un ambiente cada vez más tenso. «A conselleira, con todos os respectos, non fixo os proxectos. Fixéronos os arquitectos. Non lle vexo especial mérito, máis cando non consignou aínda nada», respondió Lores, irritado. «Non sei como definir este comportamento. Saquémonos as fotos que queiramos, se a conselleira quere levar flores doulle todas as que queira», dijo el alcalde. La situación se convirtió en una opereta cuando, en el momento en el que Lou­zán había logrado calmar los ánimos y dar la palabra a los periodistas, la voz que surgió fue la del presidente del Pontevedra, Nino Mirón, que acusó a los políticos de discutir demasiado. Al alcalde, en particular, le dijo que, en lugar de anteproyectos, había entregado «papeluchos», y le afeó no haber hablado con el propietario de los terrenos de tribuna. Más cera contra Lores, quien, sin embargo, no se arredró: «Falei con el dúas veces, e non vou discutir con ninguén que poña en dúbida a palabra do alcalde». «Ao final imos entedernos, se houbo algunha dúbida...», intentaba imponerse Louzán. Pero a Fernández Lores ya no había quien lo parase: habló de situación «kafkiana», de «sorpresa porque suceda todo isto nunha rolda de prensa», de «electoralismo» y de «agresión a unha institución». Acabado el acto, se levantó de la mesa y se marchó, saludando a la conselleira y diciendo a Lou­zán, mientras le estrechaba la mano: «Para estar afónico falaches abondo».