Uno de los grandes tesoros de Lourizán son las especies singulares que encierran los 520.000 metros cuadrados del recinto. Hasta una veintena figuran en el folleto-guía del nuevo jardín botánico, localizados en su mayor parte con una letra que refleja en el mapa su emplazamiento exacto. Entre estos ejemplares se encuentra un Metasequoia glyptostroboides, árbol plantado en 1951, junto con el existente en la residencia de la familia Botín (Santander), el más antiguo de la Península al tratarse de una especie que se creyó extinguida y que reapareció en China en los 40. Buen número de estas especies figuran en el catálogo de árboles singulares de Galicia. Es el caso del Buxus sempervirens, de más de 200 años o de la Aucaria heterophylla, ejemplar de 120 años. También un Cedrus libani de 150 años o el Corylus avellana, de 200 años. Ejemplares raros No son los únicos que están en el catálogo. También merecen estos honores dos ejemplares de Cryptomeria japonica plantados en 1887 y un Ulmus minor de 120 años de edad. Árboles de Nueva Zelanda o de Oceanía, raramente cultivados fuera de su territorio de origen, junto a dos ejemplares vigorosos de secuoya plantados en 1952, también pueden ser localizados en Lourizán. Otro caso especial es el de los ejemplares de Tetraclinis articulata, una cupresácea solamente conocida en estado silvestre en Cartagena y que en Pontevedra ha superado los seis metros que se le habían adjudicado como tope. La colección de especies del género Pinus, compuesto actualmente por 61 taxones, o las del género Eucalyptus, constituida por 56 taxones, son otro atractivo importante.