Todos los enemigos del marisqueo

Martiño Suárez PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

Reportaje | ¿Un medio de vida en peligro? El sector rechaza agresiones como los vertidos a la ría de Pontevedra. Las obras en el muelle de Marín, que la Autoridad Portuaria defiende, son objeto de polémica

27 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ertidos, obras que varían las corrientes y que se comen la arena, fangos de aparición misteriosa y muy mala pinta, fábricas mastodóndicas al pie de los bancos... A los mariscadores de la ría de Pontevedra se les han multiplicado los problemas en muy poco tiempo. La marea negra del Prestige, hace ahora dos años, marcó para el sector un punto de inflexión. Y, según cuentan sus protagonistas, fue para peor. «Este ano foi malo, pero non todos van ser bos», dice Ramón Portela, patrón mayor de Raxó (Poio). Miguel Pazos, presidente de los mariscadores de Pontevedra, va más lejos, y se atreve a poner cifras a la campaña: «Hai ameixa e cría, pero non de tamaño legal, así que as capturas dunha mariscadora pasaron dunha media de catro quilos a unha de dous». ¿Qué ha pasado en los últimos tiempos para que la productividad se haya reducido a la mitad, para que la desconfianza y el desánimo hayan anidado entre los mariscadores del fondo de la ría? Conviene ir por partes. Reunión Hace una semana, los mariscadores de la ría se reunieron con la presidenta del puerto de Marín, María Ramallo, para que esta les explicase qué se está haciendo en el muelle más importante de la ría, y para contarle por qué el sector se opone a la ampliación de las infraestructuras. Mariscadores y ecologistas culpan a los trabajos de haber modificado las corrientes, y, con ello, desplazado parte de los bancos marisqueros -en los últimos tiempos han aparecido zonas de arena que antes no existían en el fondo de la ría- y de haber enfangado parte de los fondos. María Jesús Martínez, líder de las mariscadoras de Lourizán, disparaba tras la reunión con Ramallo: «Nos quieren hacer desaparecer para que no protestemos más», decía. Esta semana, con un poco más de distancia, sus argumentos resuenan también con contundencia. «Vemos peligrar nuestros puestos de trabajo, estamos indignados y muy preocupados porque vemos que nadie hace nada por evitarlo. Nos parece muy bien el progreso, que se amplíe el puerto y todo eso, pero sin hacer daño a otros trabajadores». «Nuestro banco ya se está viendo afectado por los rellenos, ya sufrimos las consecuencias», afirma Martínez. Miguel Pazos cuenta más o menos lo mismo: «A xente está moi nerviosa. E a xente do mar é moito máis experta que eses expertos que traen por aí». Los ecologistas también han tomado cartas en el asunto. Antón Masa, cabeza visible del movimiento ciudadano Asociación Pola Defensa da Ría (APDR) y biólogo, va más allá cuando habla de los problemas de los rellenos de Marín. «Non é só que se detecte a aparición de lombos de area que prexudican a produción marisqueira e que morra a semente -explica-, senón que as novas correntes removen os fondos, que teñen unha alta concentración de metais pesados, co que se poden contaminar zonas non tan contaminadas». Y ahí entra en juego otro de los principales puntos negros de la ría de Pontevedra. La concentración de metales pesados es la consecuencia de la presencia durante cincuenta años de la fábrica de pasta celulosa que Ence mantiene en Os Praceres. La Autoridad Portuaria marinense, por su parte, se defiende. «Hay una resolución favorable del Ministerio de Medio Ambiente, que la ha elaborado pidiendo informes a la Xunta, a Costas, a todos los que pueden estar implicados y tener competencias; en su día se vio que la obra no tenía efecto ninguno», afirman fuentes del consejo de administración. A juicio de estas voces, lo que ha irritado tanto a los mariscadores no es ninguna actuación de gran envergadura, sino «una pared vertical en el muelle ya hecho, no un relleno, sino sólo una pared vertical sin efectos, en una zona de remanso, resguardada frente al astillero de Os Praceres. Aquí se hace un seguimiento al empezar, en la mitad y al acabar la obra, para comprobar que no afecta al medio marino, y no lo hace». La gerencia del puerto admite que ha detectado en el sector «miedo al futuro», pero recuerda que antes de la actuación «se hicieron alegaciones, se hicieron estudios sobre el impacto en las corrientes, y no salió nada raro».