Tres años de prisión y el pago de 12.150 euros en indemnizaciones es la pena que solicita el ministerio público para Ricardo Morlán, el vecino de Ribeira (A Estrada) acusado de apuñalar a un vecino en octubre del 2002. Según se desprende de la lectura del escrito de acusación, el suceso se produjo cuando la víctima medió, a petición de la mujer e hijo del procesado, en un episodio de violencia doméstica. De hecho, el fiscal también acusa al estradense de la comisión de tres faltas de maltrato de obra, por las que pide otras tantas multas de 540 euros cada una de ellas. Este caso, calificado como un delito de homicidio en grado de tentativa, se dirimirá el próximo lunes en la sección segunda de la Audiencia Provincial. El fiscal sostiene que, sobre las nueve y media de la mañana del 12 octubre del 2002, Ricardo Morlán se acercó a su mujer, que se encontraba bañando a sus nietos en el domicilio que la pareja tiene en la parroquia estradense de Ribeira. Allí, «sin mediar discusión previa», el procesado «golpeó (a su esposa) dándole puñetazos en la barriga y en la cabeza». Hijo minusválido Minutos después se personó en la vivienda el hijo del matrimonio, que «está impedido en una silla de ruedas». Todo parece indicar que el padre respondió a su primogénito con un puñetazo, cuando este último le recriminó su actitud. La situación llegó a tal extremo -el ministerio público relata una segunda agresión del encausado a su mujer-, que ésta optó por huir a la casa de su hermana llevándose a sus nietos a medio vestir. La esposa de Ricardo Morlán, siempre según el escrito de acusación del ministerio público, relató el suceso a dos vecinos, entre los que se encontraba Manuel Clemente. Estas personas decidieron ir a hablar con el ahora imputado en su propia casa. A sus requerimientos, Morlán salió al jardín «portando un cuchillo de cocina de hoja dentada de diez centímetros». Aparentemente, sin provocación alguna, se dirigió hacia la víctima y, al tiempo que le clavaba el cuchillo, le dijo: «A ti también. A ti te voy a pinchar yo», mantiene la acusación. Manuel Clemente, que por aquel entonces tenía 47 años, sufrió una herida incisa en el abdomen, que entre otras secuelas le dejó una cicatriz transversal de 33 centímetros. El ministerio público sostiene que, en este caso concreto, existe una atenuante por trastorno psiquiátrico por el alcoholismo crónico del procesado.