En directo | La falta de seguridad en la calle de Otero Ulloa es un riesgo para los peatones Los vecinos de Seixo aguadan desde hace ocho años a que Política Territorial y el Ayuntamiento se pongan de acuerdo para la construcción de las aceras
18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?n numeroso grupo de vecinos de Seixo está harto de la falta de seguridad vial en la travesía del doctor Otero Ulloa. Llevan más de ocho años esperando a que la Administración competente -la Xunta- les construya las aceras que Política Territorial prometió en su día, pero que dejó pendientes de hacer en 1999. El proyecto es tan viejo como las excusas de las Administraciones para no acometer la obra. Xunta y Concello se responsabilizan mutuamente del retraso, pero mientras, son los vecinos quienes se exponen a una situación que algunos de los afectados denominan como «tercermundista». Y es que si bien es cierto que Política Territorial no ha hecho la obra en el plazo convenido, también sucede que el Concello aún está pendiente de actualizar el proyecto para que la Xunta lo ejecute ahora. Y además están las cuestiones parlamentarias y las delicadas relaciones de la Administración autonómica con el Concello de Marín. Los perjudicados son, mientras tanto, los vecinos. Cualquier conductor se sorprende al llegar a Seixo con la buena calidad de las aceras en la primera mitad de la travesía del doctor Otero Ulloa. Pero si la entrada es un vergel, la salida es un infierno. Tras muchas gestiones en balde, el Concello decidió hace dos años retirar las baldosas sueltas y sustituirlas por cemento. La medida era transitoria, pero la situación se ha agravado. Desde principios del verano, un tramo amplio cerca del cruce de la Casa de Cultura está al aire, sin una baldosa, rodeado de vallas que hacen imposible el paso de carritos de bebé o que convierten cualquier paseo en una carrera de obstáculos. Las vallas han acompañado a los veraneantes durante todo agosto. «Cuando hace sol tenemos las vallas y cuando llueve, el mal estado de los desagües nos empapa», sentenció un vecino.