Reportaje | Un encuentro multicultural a orillas de la ría Los hoteles, restaurantes y pubs de la villa tuvieron este mes la visita de grupos de aficionados que decidieron hacer una parada antes de ver jugar a su selección
30 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ste mes Silgar contó con una presencia poco habitual. Aparte del perfil de turista que se acostumbra a ver entre las sombrillas -que responde a un hombre de 40 años, pelo un poco largo que termina en tirabuzones enchoupados en gomina, polo y bañador en tonos pastel-, ciertos personajes le dieron durante estos días un aspecto multicultural a este arenal de sobra conocido. El blanco de su piel y la combinación de calcetines con chanclas los delataba. Ahí estaban siempre en pandilla, nunca por libre, echándose protección total por cada uno de los poros de su cuerpo y tiritando de frío cuando salían de las frías aguas del Atlántico. Y es que la Eurocopa ha pasado por Sanxenxo antes de llegar a Portugal. La oferta hotelera del país hermano no han podido hacer frente a la invasión de aficionados que han decidido pasar sus días de vacaciones bailando fados y comiendo bacalao al mismo ritmo que su selección. Los locales de Sanxenxo han sido testigos del campeonato de fútbol sin saberlo. Aquí, en lo inmenso del océano, uno difícilmente podía adivinar la procedencia de estos incondicionales y los vecinos de toalla hacían apuestas por si eran de Bulgaria, Chequia o del mismo país del tulipán. Esta duda se disipaba por la noche. Este era el momento en el que los hinchas se enfundaban de camiseta. Se les podía ver tomando cañitas en los bares o peleando con los crustáceos como el que más, pero siempre con un distintivo: los colores de su selección. Eran como pequeñas mareas naranjas, rojas o azules y amarillo. Sol y marisquito Los hoteles de Sanxenxo acogieron a muchos de estos grupos entre sus suites. Los había que solo venían de paso y los que se rindieron ante el ambiente de sol y playa y disfrutaron de una estancia de una semana, a la que vez que hicieron una escapadita para comprobar in situ las piruetas de Milan Baros o Ruud Van Nistelrooy. La mayoría de los hinchas decidieron pasar unas vacaciones a lo grande, en hoteles de primera clase y comiendo en las mejores marisquerías. El Galatea y el Carlos I fueron dos de los hoteles que contaron con una excursión de futboleros, dos peñas búlgaras que se hospedaron durante una semana. En el Hotel Oca Pazo El Revel, fueron un grupo de daneses los que aparcaron su maleta. Reservaron un total de 15 habitaciones para una única noche. Al día siguiente un autobús a pie de obra los estaba esperando para llevarlos al estadio del Dragao. Pero también hubo otro tipo de pandillas, aquellas que prefirieron la esterilla y la linterna y clavaron las piquetas en cámpings de Portonovo. Así se vieron en Baltar a una pandilla de italianos que se desplazaron en autocaravanas o a una familia de ingleses que instalaron la tienda a orillas de la ría. El dueño de un restaurante aún recuerda como un grupo de suecos le pedían todos los días una televisión cerca de la mesa para poder ver los goles de la Eurocopa. Por la noche, el empresario Fernando Fraga recuerda como 20 suecos llenaron su pub, el Fuerza 7, o como unos daneses tomaban estrella al ritmo de Obsesión. A pocos días para que termine la Eurocopa, Sanxenxo está volviendo a recobrar su panorama habitual: los móviles última generación y las gafas de sol temporada 2004 han sustituido ya a la camiseta y a la gorra de la selección que más mola. La Eurocopa ha marcado de chilena en las terrazas con más pompa.