«La cena de los idiotas», de Veber

ABENDTHEATER

PONTEVEDRA

COMENTARIO | O |

14 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Bajo adaptación y dirección de Paco Mir, la obra sociocultural de Caixanova ha patrocinado la representación en su gira por Galicia de la pieza teatral La cena de los idiotas, de Francis Veber, con un lleno en el Auditorio del Pazo da Cultura: Una comedia de hilarantes trazos en la que las carcajadas del público parecen formar parte del papel, de ahí el enorme éxito que siempre ha obtenido. Está protagonizada por Jorge Calvo, en el papel de Agustín Morán (el presunto idiota) y por Fernando Huesca, como Luis Mayo, un acaudalado escritor que junto a un grupo de amigos llevan todas las semanas a cenar a un seleccionado personaje, a su juicio idiota, para divertirse a su costa. Se trata de dos magníficos actores que dan frenético ritmo a un diálogo chispeante, lleno de gracia y sano humor, agobiante, plagado de sketchs y situaciones cómicas muy bien urdidas que arrancan auténticas carcajadas durante toda la representación, máxime por parte del idiota de turno, un constructor de grandes maquetas de puentes famosos realizadas con cerillas, personaje excelentemente interpretado por Jorge Calvo, con una gesticulación, movimientos y verborrea sin solución de continuidad. Reparto El reparto de la obra se completa con Juanjo Martínez, como Tito Balaguer (amigo de Mayo y antiguo novio de su mujer); Fermí Herrero, como Domingo Caravaca (inspector de Hacienda); Maribel Lara, como la amante ninfómana Yola Medrano; Carlos Piñeiro, en el doble papel de Dr. Yerro y Rocamora y Cecilia Solaguren, la esposa vasca de Mayo, como Cristina Ibarguengoitia. La acción se plantea en un amago de cena, truncada por el repentino ataque de lumbalgia del dueño de la casa, liándose tanto la misma que en pocos minutos el idiota, un funcionario de Hacienda con la extraña y obsesiva afición de construir maquetas, consigue que el escritor-editor sea abandonado por su esposa, por su amante y por su médico y, para colmo de males, mete en casa de éste a un riguroso compañero inspector de Hacienda que en su profesión se las sabía todas, pero que -en otro terreno- desconocía la situación de su propia mujer en una lujosa casa de alterne. Circunstancia que destapa su compañero el idiota, formando un caos en el acomodado estatus del escritor, llegando la situación a volverse tanto en su contra que termina con la moraleja de que, al final, el constructor de maquetas sea quien le invite a cenar. En resumen: Una graciosa obra, muy bien interpretada y dirigida, con un excelente ritmo y escenografía que hizo que el público lo pasara en grande, divirtiéndose y disfrutando de una deliciosa cena de idiotas.