El «baile» de los jabalíes en Marín

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

PONTEVEDRA

MANUEL FERNÁNDEZ-VALDÉS

Crónica | Los vecinos emplean la radio, pelos y hogueras para espantar a los animales Los agricultores de la comarca agudizan el ingenio y lamentan la falta de medios efectivos para combatir la acción destructiva de los cerdos salvajes

19 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Las campos de maíz de O Morrazo son un plato apetecible para los jabalíes que vagan por los montes de la comarca. Desde agosto hasta noviembre, estos cerdos salvajes encuentran en las doradas mazorcas los nutrientes que tanto les cuesta reunir en otros lugares. Los jabalíes están contentos. Pero los propietarios de las parcelas afectadas se sienten incapaces de evitar esta «invasión» anual, y ante la pasividad de las Administraciones con este problema, contratacan agudizando el ingenio ensayando nuevas tácticas cada año. Fernando Pousada es un vecino de la parroquia marinense de San Tomé de Piñeiro. Posee varias fincas y ayer respiraba aliviado porque los jabalíes aún no hubiesen entrado en ellas. Pero los cerdos salvajes sí han visitado dos campos vecinos, y da casi por seguro que su parcela no se librará de la visita de estos animales. «Isto pasa todo pola noite. Veñen, tiran as espigas e fan os destrozos. Cando chega o día, os veciños veñen, ven o desastre, e levan o que queda para os animais», indicó. Pousada explicó que la época de las devastaciones de los jabalíes está aún por comenzar y que lo ocurrido estos días es sólo el inicio. Cuando maduren las mazorcas y el grano esté en su punto, este vecino de San Tomé señaló que no quedará ninguna finca sin haber sido asaltada. Visitadas dos de las parcelas afectadas, Fernando Pousada indicó con resignación un grupo grande de espigas tiradas por el suelo en confusión. «Ó principio da temporada poñíamoslles música da radio durante toda a noite, pero xa se acostumbraron ó ruido, e agora xa vedes, bailan coa música», sentenció. Imaginación Los vecinos recurren a todos los métodos imaginables para poder hacer frente a los jabalíes. Tras el fracaso de las emisiones radiofónicas, ahora parece que es más útil el dejar en los marcos unas pequeñas bolas de pelos de oveja -hay quien pone incluso zapatos- o hacer pequeñas hogueras en los extremos de las parcelas y esperar que con el olor, se espanten los comensales no invitados. El éxito de estas técnicas es variable, pero parece más afortunado. La única solución definitiva es el vallado de las fincas, pero Manuel Pousada se muestra pragmático. «Se a Xunta non é quen de pagar todos os destrozos cada verán, ¿por que non fai unha concentración parcelaria e nos dá unha axuda para cercar as fincas?»