11 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.
Llegó al Pontevedra rodeado de suspicacias: había sido un árbitro rebelde en Primera División, y algunos veían su fichaje para la gerencia granate como algo arriesgado y hasta extravagante. Cada vez que un colegiado se equivocaba y perjudicaba a los de O Burgo, los dedos se volvían hacia él. Pero Rafael Hernanz Angulo calló: hizo lo suyo, y ordenó por dentro y sin demasiada fanfarria un club arrasado por años de desesperanza. Ahora se va. Y su sucesor se encontrará el listón bien alto.