La madurez de la escena gallega

La Voz

PONTEVEDRA

Praza da Ferrería El Centro Dramático Galego vuelve a representar los dos primeros montajes que abrieron camino para el teatro profesional, 25 años después de su estreno

25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Daquel Abrente es el espectáculo con el que el Centro Dramático Galego conmemora este año el veintincinco aniversario del nacimiento del teatro profesional gallego. Las dos obras que componen este montaje, O velorio, de Francisco Taxes, y Laudamuco, señor de ningures, del dramaturgo Roberto Vidal Bolaño, se estrenaron en 1978 y ahora se revisan «cunha mirada madurada», según explicó el director del CDG, Manuel Guede. Precisamente, la mayoría de los actores que veinticinco años atrás protagonizó estos trabajos, han vuelto a participar en ambas obras, que hoy y mañana se representarán en el Pazo da Cultura pontevedrés, a las 21 horas. Es el caso de Manuel Manquiña, Manolo González, Gonzalo Uriarte, Laura Ponte o Rodrigo Roel. También la música, en directo, corresponde a los mismos protagonistas, los hermanos César, Humberto y Pablo Morán. Por su parte, Antonio Simón, que en 1978 asumió la dirección de O Velorio, se encarga ahora de ambos montajes. Guede lamentó que ni Taxes ni Vidal Bolaño, éste último precisamente inspirador de la idea de recuperar estas obras, pudiesen ver el resultado final, ya que ambos fallecieron el pasado año. Actor consagrado ya en el cine, Manuel Manquiña explicó ayer que decidió hacer un alto en su carrera para volver al teatro durante un año «e para que vexan que non somos alleos á realidade galega». «A ilusión que mantemos os actores é a mesma que hai 25 anos», añadió. En su caso, en aquel momento interpretaba en O Velorio (el argumento gira en torno al velatorio del cacique local de un pueblo) dos papeles, uno de los campesinos, Chone, y la hija del difunto, la herededra, con máscara, «porque como eramos soamente seis actores estabamos obrigados a dobrar personaxes». El joven que protagonizaba la obra murió en los años ochenta y hoy Manquiña asume su papel. «Cando me falaron do proxecto daba por sentado que ía facer os mesmos personaxes, pero ofrecéronme o protagonista, aínda que son moi distinto a el -comenta el intérprete-. El daba un home máis tosco e bruto e eu un máis fino, condicionado polo meu físico. Máis elegante, din os meus compañeiros, dentro da elegancia que pode ter un home resentido, ignorante e retranqueiro». Veinticinco años después de su estreno, destaca que «o tempo non pasou en balde e sabemos todos traballar moito mellor. É verdade que o noso tipo de teatro sempre foi moi colectivo, sempre creamos dunha forma asamblearia, pero estas cousas se superaron». Veinticinco años después, tres son los aspectos que Manuel Manquiña echa en falta en el teatro gallego. En primer lugar, una escuela oficial para formación de actores de peso; la segunda, la deuda con el teatro infantil, «que é moi importante para a creación de novos espectadores como para a de novos artistas». Y la última el público: «Salvo en Santiago, que estivemos un mes con estas obras, no resto de vilas vexo poucos espectadores». Por su parte, Manuel Guede también apostilló que una asignatura pendiente en el teatro profesional es la creación, por ejemplo, de una compañía estable en Pontevedra. Manquiña prefiere no hablar de futuros proyectos en el cine «porque tal e como está o panorama, mellor non falar ata que estean firmados ou comece a rodar, porque polo menos, aínda que logo non fagas nada, cóbralo». «Está todo un pouco máis complicado -añade-. Hai menos produccións cinematográficas, e iso nótase. En teoría, eu teño dous asuntos para despois do verán. Logo xa veremos se se fan ou non». La presión de las distribuidoras norteamericanas es, a su juicio, el principal hándicap del cine español. «Eu non son amigo do proteccionismo, pero o que tampoco se pode é tirar a industria -dice-. Tamén é certo que certas produccións en España que se non se fixesen, non pasaría nada».