Cruzada contra la movida

Chelo Lago PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

SONIA GONZÁLEZ

Análisis | Asociación de Vecinos San Bartolomé Centro Mari Luz Fernández aboga por subvencionar alquileres en el casco antiguo para atraer a los jóvenes a una zona que de día está muerta

17 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?a Asociación de Vecinos San Bartolomé Centro lleva más de diez años luchando contra los excesosde la movida. No en vano sus dirigentes llegaron a protagonizar varios encierros en la Casa Consistorial desde el mandato de Javier Cobian y a escenificar un botellón delante de la casa del actual alcalde Fernández Lores, en Marcón. Su batalla, con la falta de respuesta de las autoridades, posiblemente acabe en los juzgados. Para ello, el colectivo está acumulando documentación como partes de bajas laborales derivados de falta de descanso o estudios sobre el exceso de ruido en locales de copas y falta de cumplimiento del horario, junto con otras normas, como la de mantener las puertas cerradas. Para su presidenta, Mari Luz Fernández, el Peprica, plan especial de protección del casco antiguo, que entró en vigor recientemente, tampoco va a suponer cambio alguno. «Si no se hace cumplir la ordenanza de ruidos para hacer compatible diversión y descanso, tampoco va a resolver nada el Peprica -afirma-. Además, en cuanto a la apertura de más locales de copas ya llega tarde, pues hay calles cuyos bajos están totalmente copados por estos establecimientos». Apunta que en el casco antiguo vive mayoritariamente gente mayor, con contratos de alquiler antiguos y un poder adquisitivo limitado. «Ellos protestan por los ruidos y algunos propietarios prefieren alquilar sus bajos para bares, antes que renovarles el contrato», explica. Ahora mismo hay un caso así de una mujer de escasos recursos en la calle Charino que se encuentra en la calle. Para paliar la despoblación en el casco histórico, «con calles completamente vacías de día», el colectivo aboga por la reapertura del mercado y la rehabilitación de edificios con el establecimiento de pisos de alquiler subvencionados, de rentas bajas para jóvenes. Además, también pide que se subvencione el aparcamiento de los residentes, que no pueden acceder a sus domicilios en sus vehículos. Solicita también servicios básicos para el casco antiguo y más permisividad en la circulación. «Ahora mismo la gente que te viene a casa a reparar algo se queja de que no puede llegar con el coche, y lo mismo pasa si necesitas un taxi», subraya. Otra de las batallas del colectivo es la plaza da Verdura, en donde reclaman al Concello un local social en la Casa da Luz. «Queremos que coloquen de nuevo los bancos y que vuelvan las vendedoras que le dan nombre», señala Mari Luz Fernández, al tiempo que se queja de las escaleras hacia los soportales, en las que ya cayeron varias personas. Y hablando de escaleras, es ya muy conocida su postura en contra de las que dan acceso a San Bartolomé, que considera excesivas y peligrosas. «Varias personas se han roto brazos al resbalar, y el otro día, un niño que iba a hacer la Primera Comunión, se cayó allí mismo». Pero el colectivo se preocupa también de otras zonas, no en vano atiende a varias calles del centro urbano. En tal sentido, propugnan por una ciudad abierta, con mayor acceso de coches y una reorganización del tráfico rodado que permita el acceso de los vecinos a sus garajes sin tener que dar rodeos. También critican la reforma del diseño de la ciudad, que dejaron «las calles demasiado estrechas y con bordillos que dificultan las maniobras de los vehículos, especialmente de servicios de emergencia, como bomberos», dice la dirigente vecinal. Finalmente, quieren que la policía local vuelva al centro de la ciudad. El colectivo lleva más de diez años denunciando el incumplimiento de la ordenanza de ruidos para hacer compatible diversión y descanso