?omo si de una marea se tratase, el movimiento de los voluntarios también se ha ido retirando a lo largo de las últimas semanas. Atrás quedan los días en los que desde la centralita del teléfono habilitado por la Xunta para gestinonar el voluntariado se daba vez para dentro de dos meses. Ahora una voz amable ofrece al pontevedrés un puesto de manos limpias (sin tocar chapapote) o manos sucias (contacto directo con el fuel) en una playa de Camelle, Fisterra o Laxe con sólo solicitarlo con 24 horas de antelación. «Precisamente hemos tenido unas bajas y podemos inscribirle para mañana mismo, si lo desea», dice la voz al otro lado del teléfono después de hacerle al voluntario un exhaustivo test acerca de dolencias respiratorias, alergias, lumbalgias, y otras incompatibilidades con el chapapote.La Xunta ofrece manutención y seguro de accidentes. El transporte y un lugar para pernoctar son cosa del voluntario. Si el abnegado colaborador accede, el seguro se tramitan en cuestión de horas. Por la tarde una llamada confirma hora y lugar de trabajo.Difícilmente puede derivar así la Adminstración autonómica a los voluntarios hacia la local. Pero por si acaso, el Concello de Pontevedra tiene su propia lista. A mayores, el Ayuntamiento se compromete a poner un autobús que llega a pie de playa, pero con destinos limitados -sólo se organizan grupos de trabajo para Canota-. Hay prisa por inscribir al candidato para recoger fuel en una mañana en el que el termómetro a penas se levanta unos grados del cero. El turismo de chapapote cotiza a la baja.